El perfume, el efímero arte de los olores
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Esto fue lo primero que todos recordaron: que de pronto apareció alguien y destapó un pequeño frasco. Y a continuación se salpicó varias veces con el contenido de este frasco y una súbita belleza lo encendió como un fuego deslumbrante».
El perfume, historia de un asesino, 1985, Patrick Süskind
Nos transportamos al s. XVIII francés de la mano de este autor alemán. Con él, visitamos el mundo más bajo de los habitantes parisinos e iremos escalando con su protagonista las esferas sociales urbanas y rurales de un abigarrado ambiente de malos y buenos olores que encarnan los vicios y virtudes de sus personajes. El olfato, el sentido más primario, es el absoluto protagonista, y el arte del perfume, de las flores y de los aceites esenciales, son el alambique por el que se logra encerrar la esencia más pura del olor supremo, aquella que es capaz de captar el alma. Todo ello regado por la desolación de la pobreza y del abandono, pasados por el tamiz del olfato superior de un ser asocial.
Jean-Baptiste es expulsado al mundo como si fuera un tumor. Un trozo de carne desprovisto de olor propio, qué ironía, maltratado y sin amor, saliendo adelante por el más puro afán de supervivencia a pesar de su miserable y dura existencia. ¿Cómo podría tener sentimientos alguien que nunca los recibió? ¿Cómo es posible que dedicara toda su corta vida a perseguir la esencia del amor y de la pureza sublimadas en unas gotas de esencia, él que no sabe lo que son?
El canibalismo se presenta aquí como un acto de amor supremo. La forma de muerte más cruenta y depravada se convierte en este libro en el único acto de felicidad extrema para un grupo de lo peor de la sociedad parisina en el mismo lugar en el que el protagonista vino al mundo entre cabezas de pescado e inmundicias. Se cierra el círculo de vida y muerte resumido en apenas unas gotas de la fragancia más pura y poderosa del universo. Y, sin embargo, él no la utiliza para tener poder, ni siquiera para ser amado, sino solo para disfrutar, si acaso a veces compartir esos sentimientos que provocan sus efluvios. Como una droga, de esas que te dejan sin voluntad, se trata del poder de la seducción y del control sobre los demás, simplemente desplegando aromas al aire de fluidos corporales licuados de vírgenes a las que asesina para captar ese momento supremo de su olor. Su fabuloso don y su gran mundo interior son la consecuencia directa de su necesidad de sobrevivir a un mundo que le rechaza.
No le debe nada a nadie, actúa sin sentimientos (no los conoce), persigue olores que luego le delatan, solo se mueve buscando los que están íntimamente asociados a las cualidades de las esencias vitales que arrebata. Si hubiera nacido ahora, sería el rey más poderoso de la Tierra, la cabeza del nuevo orden mundial y nadie vería su fealdad como un oprobio ̶ se me ocurren algunas caras ̶ sino como un signo de poder. Y podría esparcir el perfume con un solo gesto por todo el planeta y sería hasta bueno, pues no se trataría del olor del miedo que hoy nos atenaza, sino el del amor.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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