La tía Tula y la ley del sororato
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
¿Pero no ve usted —exclamó el médico— que aunque se muera el crío queda la madre para hacer otros, mientras que si se muere ella no es lo mismo?
La tía Tula, 1907-21, Miguel de Unamuno
Muchas veces se dice que esta novela breve va sobre el amor maternal y el sacrificio de la mujer, también de la costumbre del viudo/a de casarse con el hermano/a del fallecido/a, conocida como levirato-sororato), pero para mí es algo más. Es el miedo de una mujer rígida y encorsetada a vivir la sexualidad y a tener hijos propios, porque cree que ya no querría igual a sus sobrinos. Gertrudis, Tula para los amigos, prefiere favorecer los amores del cuñado con la criada, a pesar de su propia moral católica, a pasar por la vicaría con Ramiro. Abnegada, sufridora, casta y recta hasta el agotamiento, representa un prototipo de mujer española de provincias muy extendido a principios del siglo pasado: la típica solterona, más por miedo que por gusto, que se “sacrifica” por la familia de su hermana muerta, arrogándose todas las prerrogativas de dueña de la casa pero ningún deber marital. Ocupa el papel de madre putativa ante una hermana recién parida, con una vehemencia y derechos adquiridos, que incluso la propia progenitora llega a decirle que ella, Tula, es la verdadera madre de sus hijos.
Una Tula que renuncia a su pretendiente Ricardo por su sentido del deber hacia sus sobrinos, pero también porque que ella no está para que la elijan, sino para elegir, porque según ella somos las mujeres las que nos casamos. Frase para pensarla. Ramiro, por el contrario, es un ser egoísta, acomodaticio y débil, que no sabe lo que es el amor, solo el cariño y la costumbre, tampoco qué hacer con sus tres niños pequeños, ni con la presencia constante de Tula a la que mira con ojos de hombre. A ella, en el fondo, le gusta su cuñado pero no puede con la idea de pensar que es la sustituta, que antes hubo otra y que después de ella pueda llegar una tercera. Por eso, a pesar de darse un plazo de un año para aceptar su propuesta, busca adormecerlo, dándole largas, esperando que la sensualidad masculina lo decida todo. Y lo hace, dejando embarazada a Manuela, la criada. No es capaz de cumplir ni cuatro meses del año de plazo y Tula, orgullosa no le perdona, aunque le quiera. Cuando Ramiro y Manuela mueren, su sentido del deber la convierte en la madre de los otros dos hijos habidos de este segundo matrimonio, abnegada madre de los cinco. Y en torno a este extraño hogar familiar, reina sobre las voluntades infantiles que moldea. Ella no viste santos, viste niños, llega a decir.
Pero además es ciega en sus propios celos. Tula nunca llegará a estar ni viva ni muerta, y lo ve al final de su vida. Aun así, deja una impronta tan fuerte que la última niña ocupará su puesto en la casa. Su autoridad y huella se transmiten casi por ósmosis a Manuela, la nueva Tía Tula con mayúsculas. El alma y la conciencia repetida de una muerta que perpetuará el dislate.
Quien no haya tenido una tía Tula en su familia, que levante la mano.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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