La peste (en Orán, por ejemplo)
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«¿Por qué habrían de pensar en la peste, que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones?
Se creían libres y nadie será libre en tanto haya calamidades…»
La peste, 1947, Albert Camus
En Orán corría la peste y el pueblo moría diezmado mientras las ratas campan por la ciudad. Se restringen los movimientos, la libertad individual deja de tener valor ante la enfermedad y la autoridad decide todo. Como en el COVID, que sacó lo mejor y lo peor de cada uno. La vida, como siempre, se repite. Y en medio de todo esto, sus personajes, testigos directos e indirectos de la desolación unida a un sentimiento existencialista de la vida y la condición humana, de solidaridad y heroísmo ante el sufrimiento humano y de la fragilidad de nuestros cuerpos finitos contado por el narrador, el doctor Rieux, un superviviente, que nos irá desgranando las subsistencias de otros personajes semana a semana, tan protagonistas como la vida misma, personajes que delimitan el horror de toda la ciudad pero que no encarnan individuos, sino el dolor y la catadura moral de los habitantes de una forma lucida, casi aséptica, como un médico que va sajando las heridas, los bulbos, y toma notas para evaluar y erradicar la enfermedad sabiendo que es imposible escapar a ella, pero poniendo todo su humanismo y piedad en el proceso, desgranando cómo al principio nadie quiso advertir ni confinar por no alarmar al pueblo y cómo, cuando los estragos ya eran más que evidentes, se optó por la vía del ordeno y mando, a veces sin sentido, y me vuelvo a acordar del coronavirus y de todo ese horror e improvisación sobre la marcha, pero también de esa ola de solidaridad y generosidad de ciudadanos de todo tipo, dispuestos a arrimar el hombro y a pensar en colectivo, eso sí, en detrimento del ser «porque el bienestar público se hace con la felicidad de cada uno», privándole de lo más preciado que tiene: la libertad, el precio a pagar para combatir lo que amenaza a la especie. Para Camus la abstracción de la enfermedad aleja al ser humano de la fuente, y la religión y la política unipartidistas nunca legitiman las injusticias y de eso él, de origen franco-argelino y abuela española, era muy consciente, más mediterráneo que chauvinista, testigo por profesión y devoción de la opresión de los pueblos, siempre a favor del respeto por la población civil. Por eso quizás La peste sea una abstracción meditativa de sus propias raíces tan largas y extensas, la concreción de un mundo en el que le tocó ver dos grandes guerras y otras más sutiles, para llegar a comprender que la historia se repite para el alumno tonto que se niega a aprender la lección y para todos los que descargan sus responsabilidades en manos divinas, quedándose en la inacción ante situaciones concretas que solo piden que te arremangues y soluciones. Es un tema recurrente en literatura Bocaccio, Dafoe, Saramago…, y seguimos sin entender que este tema es un espejo en la cara para confrontarnos con nuestro comportamiento, con nuestras capacidades para lo bueno y lo malo y, sobre todo, para cuidar a los demás aunque peligre la vida, porque cuando la peste entra en tu cuerpo, ya suele ser demasiado tarde para curarla. Te advierte una vez más de que el mal existe en este mundo y que es inevitable, pero tu comportamiento no.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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