Duelo de mujeres
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Porque así (si estás casada) eres más libre y tienes un nombre. Puedes hacer lo que quieras, siempre que lo hagas con discreción»
Fortunata y Jacinta, 1887, Benito Pérez Galdós
Esta gran y muy trabajada novela del autor gira alrededor de ambas protagonistas y antagonistas, rodeadas y acompañadas por un enjambre de personajes que apuntalan firmemente el tiempo, el lugar, la acción y, sobre todo, la sicología de los personajes, los mismos que Galdós tanto gustaba de enhebrar una y otra vez entre sus novelas, en un Madrid colorido y abigarrado al que el autor, como casi siempre, haría su protagonista coral. Fortunata, castiza chulapa, visceral, hembra de tronío, y Jacinta, la esposa modosita de buena familia y modélica que no puede ser madre, están unidas por Juanito Santa Cruz, amante de la primera y marido de la segunda, disfrutón, mimado y señorito, en la convulsa capital después de la Revolución de 1868 hasta la Restauración borbónica. Son dos figuras contrapuestas en lucha constante, hasta que ambas se unen ante la llegada de la tercera amante, Aurora Fenelón, el embarazo de Fortunata y la adopción por parte de Jacinta, que viene a ser la conciliación de dos fuerzas femeninas, antagónicas en la forma y parecidas en el fondo, de esta novela trágica cuya armonía culmina con la constatación del engaño de Juanito y la llegada al mundo de su hijo espurio, pasando por la purificación de la muerte.
El resto, es historia de la literatura y de la vida.
Todo ello me llevó a recordar cuando la televisión pública realmente lo era y nos ofrecía maravillosos programas en formato teatro (Estudio 1), series (Cañas y barro, por ejemplo) o películas (cientos) sobre nuestros clásicos literarios, algunas aún en blanco y negro, otras en technicolor, para que muchos que aún éramos pequeños conociéramos de la mano de actores de primera clase a Blasco Ibáñez, Torrente Ballester, o al mismo Galdós, cuya Fortunata y Jacinta se rodó en los tres formatos antedichos, y nos quedábamos pegados ante esos enormes y gordos televisores, sorteando esos dos rombos, aprendiendo, disfrutando y conociendo formas de ser de una España del pasado no tan distinta del presente desde una pantalla que desgranaba novelas en imágenes de calidad para disfrute y educación de los espectadores atraídos por obras literarias y respondiendo con un fiel seguimiento. Por eso no se entiende mucha de la programación de hoy, ni es verdad que nos ofrezcan lo que pedimos, porque el salseo del bueno está en la literatura, no en los gritos y aspavientos de presentadores maleducados y ramplones, meros destripaterrones de vidas ajenas. En el fondo tampoco es cuestión de ofrecer diversión social a base de cotilleos, como nos repiten continuamente, sino de una aplicación salvaje de mala política y peor moral, un pan y circo de categoría ínfima en el que priman el barro y la gresca, en un entorno que en el que, ya lo dice Galdós en esta novela, «La moral política es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe ya cuál es el paño primitivo». Por eso creo que la televisión puede y debe volver a grandes formatos de buena literatura y mejor entretenimiento que eduquen, engrandezcan y nos hagan sentirnos orgullosos de mantenerla.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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