La señora Dalloway
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Tenía la constante sensación, mientras miraba los taxis, de encontrarse lejos, muy lejos, mar adentro y sola; siempre tenía la sensación de que era extremadamente peligroso vivir, aunque solo fuera un día»
La señora Dalloway, 1925, Virginia Wolf
Centrada en un tiempo concreto, 24 horas del 13 de junio de 1923, en un Londres de entreguerras, esta novela breve abre el campo al estudio psicológico en varios planos de hasta veinte personajes, centrándose en Clarissa Dalloway y Septimus Warren Smith. No se conocen físicamente, ni lo harán y, sin embargo, sus vidas están entrelazadas por el pensamiento, por el flujo de conciencia simultáneo y por un estilo narrativo polifónico que permite simbiotizar el pasado cuando eran jóvenes (la mañana), el presente ya siendo adultos (la tarde) y el futuro, la vejez (la noche), para adentrarse en los entresijos del ser humano y las complejas relaciones mediante la técnica del narrador omnisciente y el discurso indirecto libre que permite traspasar el lapso físico lineal para examinar lo ordinario, dando pinceladas impresionistas que consiguen otorgar densidad al espacio-tiempo. Partiendo de un hecho trivial, la preparación de una fiesta, Clarissa experimenta la sacudida de la banalidad de su vida acomodada y la pérdida de lo que pudo ser y no fue, mientras se devana los sesos pensando en las flores que pondrá en esa velada. La señora Dalloway no es un personaje casual, forma parte del elenco literario de la autora, aparece antes y después en sus obras, porque hay en ella algo suyo físico, en los dolores de cabeza, pero también en la edad y en la aprehensión del tiempo en forma de recuerdos que dan forma al presente atormentado de Wolf. Paralelamente, nos presenta a Septimus, un exsoldado traumatizado por la Gran Guerra, el único personaje realmente atormentado que alterará el ritmo con su decisión de interrumpirlo voluntariamente cometiendo suicidio. En cierto modo, es el alter ego de la autora, porque también comparte el sufrimiento mental fruto de sus propios trastornos, además de su final. Él, al igual que Wolf serán los únicos capaces de desconectar afectivamente del mundo y de los seres queridos que les rodean, para que su pensamiento, y con ello su experiencia vital, salga de las convenciones y abata el muro de su conciencia, aunque esto los lleve a la autodestrucción.
No va de la comunicación con los demás, sino consigo mismo; se trata de recoger la fluidez de una mente pensando a borbotones, que salta de una idea a otra sin haberlas verbalizado, pero que nos introduce directamente en el sentir subconsciente y estimulado por las percepciones y las ideas de un mundo que se desvanece cuando es nombrado y captado, que al mismo tiempo es, paradójicamente, al que nos aferramos con uñas y dientes para no perder definitivamente el norte. Va de diseccionar y desmembrar el tiempo para crear la densidad temporal que es lo que permite que una vida quepa en un instante.
Al fin y al cabo, ¿no es eso todo lo que tenemos?
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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