Los físicos locos de Dürrenmatt
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Todo intento de un individuo de resolver por sí mismo lo que a todos concierne fracasará. (...) Lo que a todos conciernen, solo pueden resolverlo todos»
Los físicos, 1962, Friedrich Dürrenmatt
Esta obra de teatro de solo dos actos, es una de las más conocidas en nuestro país del prolífico autor suizo, junto con La visita de la vieja dama.
Dürrematt escribió, pintó y dibujó profusamente, y durante la década de 1960 se vuelve hacia el mundo y su mayo del 68, para hacer valer su protesta junto a otros importante escritores de habla alemán como Frisch, Grass o Böll, llegando a participar en la conferencia de paz de Moscú convocada por Gorbachov en 1987, dos años antes de la caída del muro de Berlín. Amigo de Brecht, compartía con él las ideas revolucionarias sobre el teatro, teorías que aplica en sus obras desde la ironía. Así, en Los físicos, expone la alineación y el cuestionamiento de los acontecimientos sociales y de la vida humana, en una especie de esperpento tragicómico sobre la parábola de una posible amenaza mortal para la humanidad por el mal uso de los avances científicos. Esto lo lleva al paroxismo presentándonos a Johann Wilhelm Moebius, un físico nuclear brillante encerrado en un manicomio junto a Ernesti (se figura ser Einstein) y Beutler (cree ser Newton) bajo la tutela de la psiquiatra Mathilde von Zahnd. En el segundo acto descubriremos que la única loca es la doctora, mientras que Moebius se ha encerrado voluntariamente tras descubrir el Principio universal de todos los descubrimientos de la humanidad, ante la certeza de que esto podría, precisamente, significar el fin de la misma (sus dos compañeros en realidad le seguían el juego con intenciones oscuras, pues representan dos potencias mundiales interesadas en conseguirlo). Es decir, ante el peligro de su descubrimiento, Moebius opta por la máscara de la locura en un escenario que se pasea por personajes de farsa, en el sentido aristofánico, mediante diálogos que escalan entre lo violento y lo sarcástico, lo científico-objetivo y lo paradójico- irreal para que el lector o espectador se pregunte dónde está la frontera entre la genialidad y la locura, qué peligros entraña divulgar un gran avance tecnológico que podría ser utilizado para el mal, y sus resultados y, sobre todo, la crítica a la máscara de las apariencias (Erscheinungen) que todos llevamos y la advertencia ante la posibilidad de que el más loco de todos (aquí la psiquiatra), consiga hacerse con el descubrimiento para desgracia de todos, dentro de un escenario envuelto con la música de Beethoven, Brams, Bach, Buxtehude y Kreisler. Es evidente la triste analogía con los tiempos que vivimos, en un gran teatro del mundo en el que todos somos personajes aleatorios, da igual que se hable del rey Salomón, de Oppenheimer o de nuestro nuevo emperador de las américas. Nos advierte del peligro de jugar a ser dios y abanderar ideas mesiánicas.
«No consideremos deseable el patriotismo si contradice el comportamiento civilizado». Dürrenmatt dixit.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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