Cartas finlandesas desde el norte para el sur
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Donde se aplican al Gran Ducado de Finlandia las diversas teorías inventadas acerca de la constitución de las nacionalidades, y se demuestra que todas esas teorías son completamente inútiles» (Carta III)
Cartas finlandesas, 1898, Ángel Ganivet
Cartas finlandesas son 22 artículos cuyos títulos ya hacen boca (“Esbozo crítico, un tanto benévolo, de las cualidades estéticas de las mujeres de Finlandia”, IX, o “El corresponsal traza un inesperado y curioso paralelo entre la manteca finlandesa y los jamones de Trevélez” son dos buenos ejemplos de la ironía granaína, así como el que encabeza esta reseña). Ganivet las escribió siendo cónsul en Helsinki, ciudad que en esa época pertenecía al imperio ruso ̶ y que como se descuiden volverá a serlo ̶ , un lugar que para el español de la época era una tierra totalmente ajena y desconocida, y se publicaron por tandas en un diario granadino, su ciudad natal. Leídas hoy, el lector encontrará explicaciones tan marcianas como su asombro por la educación mixta, el alfabetismo generalizado del pueblo, la atención maternal y sanitaria en hospitales, o el uso y disfrute general del teléfono en las casas. Pero lo que más le alucinaba era el empecinamiento de las finlandesas por ejercer la libertad que adquirían, y de la que hacían gala, a través de la educación y del derecho al trabajo, ya que en palabras de Ganivet, las finlandesas: «pierden las actitudes estéticas, naturales en la mujer que hace cosas femeninas, como leer, coser, bordar, cuidar los pájaros, regar las macetas o pelar la pava». Ea. Nos hemos coronado. Perfecto para el Día Internacional de la Mujer.
Sí, cierto, la tónica general de estas crónicas va en la línea machista de la época, pero seamos justos: considerémoslo un decálogo anticuado de un joven y gran escritor plantado en las antípodas de su cultura y leámoslas con los ojos de un autor del 98, cuyo mundo espiritual de hidalgo se desmoronaba sin remedio ante la modernidad y el cambio de fronteras e imperios. España se vaciaba y desparecía ante la enorme rueda de moler que apisonaba su mundo conocido, aplastando también a una Europa que ya no era, que ya no es, reducto de nada.
Diplomático, políglota, intelectual, erudito, observador y vividor y, sobre todo, bien dotado de la conocida malafollá granadina, Ángel Ganivet creyó que ya lo había visto, leído y vivido todo. No creo que mudara su sentir si hoy estuviera entre nosotros; con los años, quizá se habría adaptado a los nuevos tiempos y cambiado de opinión en lo que respecta a las féminas, pero no tuvo tiempo, murió demasiado pronto y por iniciativa propia.
Terminó cayendo en lo mismo que criticaba, la abulia, y así, hastiado y deprimido, se tiró al Daugava, el río que alimenta la ruta comercial y espeja la antigua ciudad de Riga, quince días antes de cumplir los míticos 33 años, y unos meses después de la publicación de sus Cartas. Me da la sensación de que prefirió irse antes de que el mundo que conocía se desvaneciera del todo, para no tener que darle la bienvenida al siglo veinte.
Pues menos mal que se está ahorrando el veintiuno.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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