El estoico y Wolfe, el Balzac de Park Avenue
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Solo Epicteto había mirado a los ojos a sus torturadores y les había dicho: ‘‘Haced lo que tengáis que hacer, y yo haré lo que tengo que hacer, que es vivir y morir como un hombre’’»
Todo un hombre,1998, Tom Wolfe
Tom Wolfe era periodista y escritor, de hecho, el padre del llamado nuevo periodismo, un dandy excéntrico e inconformista, crítico agudo de la sociedad estadounidense, con un gran talento narrativo y meticulosidad en las formas y profundidad en el fondo, un maestro de las piruetas lingüísticas. Su teoría literaria se fundamentaba en que fue el periodismo y la no ficción lo que había «borrado a la novela como el evento principal de la literatura estadounidense», dado que consideraba un deber casi sagrado informar sobre lo que acontecía en la sociedad mostrándolo en toda su complejidad y multiplicidad. La hoguera de las vanidades puede que sea su obra más conocida, pero Todo un hombre es el manifiesto de su teoría sobre la literatura, el realismo social, la vanguardia periodística y la llave para un cambio de pensamiento.
Todo un hombre transcurre en Atlanta, una ciudad sureña abigarrada, cosmopolita, multirracial, con muchos personajes y estamentos sociales, meticulosamente documentado y estudiado por el autor. El protagonista es el multimillonario Charley Crocker y su contrapunto Conrad Hansley, para mí, el auténtico protagonista. Un estoico por descubrimiento de Epicteto, que no de Zenón de Citio, el fundador de esta corriente filosófica. La forma y manera en que llega a este convencimiento habrá que descubrirla leyendo esta voluminosa obra. Pero advierto, el final es previsible y obvio.
No obstante, la disección social que el autor hace en su novela, una obra de personajes corales, abigarrada, despiada y mordaz (eso sí, desde la masculinidad de un costumbrismo literario hacia lo estereotipado), abre en canal los entresijos de la sociedad acomodada norteamericana hecha a sí misma y la disecciona bajo el bisturí de la mediocridad, en cierta manera heredera del costumbrismo realista de grandes como Dickens, Zola o Balzac. Habla de neopaganismo capitalista, de corrupción en todas las esferas sociales, pero reabre una puerta al pensamiento como método de aceptación existencial y de asunción de los males. Volver al estoicismo (de periodismo neoyorkino, of course) es lo que, a mi entender, salva la novela, aunque tampoco parce saber muy bien qué hacer con esta profunda filosofía. Hay que tener en cuenta también que lo escribe un Wolfe cínico, en el sentido filosófico del término.
Quizá la idea subyacente sea subrayar la capacidad de rehacerse del ser humano, de asumir su parte de responsabilidad en sus actos y la opción de elegir un camino más agreste pero real; de mantenerse firme ante las adversidades de la vida, controlando lo que esté a nuestro alcance, siendo conscientes de que toda causa produce un efecto; en definitiva, de comportarse de forma natural manteniendo la calma. Aunque solo sea por esto, ya vale la pena leer la novela.
Quién sabe, hasta puede que nos dé una pequeña respuesta…
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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