Diario del año de la peste
«Una terrible peste hubo en Londres
En el año sesenta y cinco
Que arrasó con cien mil almas
¡Y sin embargo estoy vivo!»
Diario del año de la peste, 1722, Daniel Defoe
- Publicado en Cultura
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
«Una terrible peste hubo en Londres
En el año sesenta y cinco
Que arrasó con cien mil almas
¡Y sin embargo estoy vivo!»
Diario del año de la peste, 1722, Daniel Defoe
«¿Qué pasa cuando ganas? Cuando tus enemigos están a tu merced, ¿qué harás entonces? El pacto es la tentación de los débiles; esta es la prueba de los fuertes»
Los versos satánicos, 1988, Salman Rushdie
«Para él [el español] no hay desgracia; la soportan sus hombros sin encogerse, lo mismo que cuando cuelga de ellos la raída capa. El español es siempre un hidalgo, aun en hambre y en harapos»
Cuentos de la Alhambra, 1829-32, Washington Irving
«Bienvenido a la raza humana. Nadie controla su propia vida, Ender. Lo más que puedes hacer es elegir ser controlado por personas buenas, por personas que te quieran»
El juego de Ender, 1985, Orson Scott Card
«Esto es la vida, un negro que pretende ser una mujer blanca, dando pasos de baile de un ballet que no ha visto jamás, ataviado con ropas de un material totalmente impropio de un clima cálido, en un césped importado de Inglaterra y besando el rostro pétreo que destruyó su nación, filmado por una mujer considerada árbitro del buen gusto. Nada podría expresar mejor el carácter de la vida en Sudáfrica»
Reunión tumultuosa, 1971, Tom Sharpe
«Tú, platero, estás solo en el pasado. Pero ¿qué más te da el pasado a ti, que vives en lo eterno, que, como yo aquí, tienes en tu mano, grana como el corazón de Dios perenne, el sol de cada aurora?»
Platero y yo, 1914, Juan Ramón Jiménez
«También mucha gente
conoce los versos que están escritos sobre su tumba:
HIC IACET ARTHURUS, REX QUONDAM REXQUE
FUTURUS (aquí yace Arturo, rey en otros tiempos y futuro
rey)»
La muerte de Arturo, 1485, sir Tomas Malory
«La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien»
El mito de Sísifo, 1942, Albert Camus
«Tenía un corazón en el que habría cabido un imperio, pero tuvo que contentarse con un sótano»
El fantasma de la ópera, 1910, Gaston Leroux
«Así comprendí que las jaulas no siempre estaban fuera, en las amenazas y los chantajes de las personas que tenían el poder. También podían estar dentro, incrustadas en el cuerpo, en el espíritu de todas las mujeres perdidas que asumían mansamente un destino que no habían elegido, solo porque otros habían decidido que lo que más les convenía era volverse decentes»
La madre de Frankenstein, 2020, Almudena Grandes
«Gramática es el arte de convertir correctamente, el ir muriendo en un ir viviendo, con arreglo a las normas dictadas por la experiencia de la falsedad y en concordancia con los recuerdos de lo inexistente»
Gramática Parda, 1982, Juan García Hortelano
«A tu alrededor no ves más que gentes absurdas, y cuando llevas viviendo con ellas dos o tres años, tú mismo, poco a poco y sin darte cuenta, te vas volviendo también absurdo... En un destino inevitable»
Tío Vania (Diadia Vania), 1899, Antón Chejov
«Don Juan es un idiota, porque los hombres le creen listo, las mujeres le creen guapo, los homosexuales le creen hábil, y él se cree hábil, guapo y listo»
¿Pero… hubo alguna vez once mil vírgenes?, 1930, Enrique Jardiel Poncela
«Para la mujer a quien la educación no ha enseñado bien, Dios abre casi siempre dos senderos que la llevan de regreso y que son el dolor y el amor»
La dama de las camelias, 1848, Alejandro Dumas (hijo)
«Todos los crímenes podían considerarse como variantes del robo.
Incluido el asesinato. Cuando matas a un hombre, le robas la vida»
A sangre fría, 1966, Truman Capote
«Querido Claudio. He conocido listos que se fingían tontos y tontos que se fingían listos. Pero eres el primer caso que he visto de un tonto que se finge tonto. Te convertirás en un dios»
Yo, Claudio, 1934, Robert Graves
«La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir»
El bosque animado, 1943, Wenceslao Fernández Flores
«[…] en mi misma opinión crecí; crecieron mis humos, mis desdenes, mis pensamientos, y aun pongo en duda si creció mi alma, según vi en mi universal mudanza. Ya yo era dama»
Libro de entretenimiento de la pícara Justina, 1605, Francisco López de Úbeda
«Palabras hay escondidas, entre las otras, como guijarros. No se reconocen en especial y después van, sin embargo, y te hacen temblar la vida entera, en su fuerza y en su debilidad...»
Viaje al fin de la noche, 1932, Louis-Ferdinand Céline
«Tartufo conoce a quien engaña, aprovechase ofuscándose con cien apariencias y con su hipocresía le saca sumas a toda hora, adquiriendo además el derecho de censurarnos a todos»
Tartufo o el impostor, 1664, Molière
«-¿Qué es el optimismo?- dijo Cacambo.
-¡Ah! -respondió Cándido- es la manía de sustentar que todo está bien cuando
está uno muy mal»
Cándido o el optimismo, 1759, Voltaire
«Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada»
Luces de Bohemia, 1920-24, Ramón María del Valle-Inclán
«Pero el que más y el que menos todos tenemos que acatar una jerarquía,
unos debajo y otros arriba, es ley de vida, ¿no?»
Los santos inocentes, 1981, Miguel Delibes
«¡Te estoy hablando de tu padre! ¡Me hizo ciertas promesas en este mismo despacho! No puedes decirme que has de atender a alguien…, he trabajado treinta y seis años para esta empresa, Howard, ¡y ahora no puedo pagar mi seguro! No puedes comerte la naranja y tirar la cáscara… ¡Un hombre no es una fruta!»
Muerte de un viajante, 1949, Arthur Miller
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