‘La virgen roja’: cuando la utopía se convierte en fascismo
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
En 1977 Fernando F. Gómez dirigió 'Mi hija Hildegart' con guion escrito junto a Azcona basado en un libro, 'Aurora de sangre' del antiguo anarcosindicalista Eduardo de Guzmán, periodista de 'La Tierra' y 'Castilla Libre' que tras salir de la cárcel e inhabilitado a perpetuidad por el franquismo tuvo que hacer las cosas más variopintas para sobrevivir: de escribir novelitas del Oeste y policiacas para kioscos a guiones de películas como 'Una isla con tomate' (1961) producida y dirigida por Tony Leblanc. El argumento se basaba en un hecho real ocurrido en los primeros tiempos de la República: el asesinato de una joven con enorme talento y capacidad a manos de su madre que había tratado de crear a través de ella a la 'mujer perfecta'; y cuando la muchacha quiso tener vida propia la mató.
Aquella película partía de una construcción endeble: un largo 'flash back' desde una barra americana de la época de la Transición para centrar la historia sobre el juicio a la madre, una Amparo Soler Leal, que de alguna manera aportaba una cierta humanización a ese 'monstruo materno'.
En la nueva versión del suceso, 'La virgen roja' (2024), prescinde totalmente de esos pretextos argumentales.En manos de Paula Ortiz la película evoluciona como un tiro de principio a fin, con un climax sostenido bien resuelto desde el punto de vista de la dirección. No hay las explicaciones retóricas de aquella versión, sino un brevísimo plano en donde que la madre concibe a la hija con la única persona que no va reivindicar su paternidad: un cura. El personaje de 'Aurora', interpretada por Najwa Nimry en el mejor papel de su carrera, es astuta, decidida, implacable, con una voluntad de hierro en su idea de 'crear' al ser perfecto en la figura de su hija a la que hace adquirir las mayores habilidades en toda clase de disciplinas intelectuales incluidas las deportivas, bajo una ciega ambición de dominio femenino llevado al paroxismo; lo que acerca al personaje a uno de los mitos característicos del 'thriller' clásico: la mujer ambiciosa que utiliza a los demás a su medida y cuando estos ejercen su derecho los destruye.
Paula Ortiz tiene en sus manos un material arrollador y evita cualquier clase de disgresión desde el punto de vista del lenguaje de la imagen, -tan solo el plano simbólico de la escultura que se va deteriorando- en un relato 'in crescendo' y un estilo que hereda constantes del melodrama negro sin tener porque responder a esa temática. La relación madre-hija está bien definida, con el tercer personaje de la criada que sirve de contrapeso no intelectual al relato. En lugar de los 'flash back' informativos y explicativos de la versión de 1977 en 'La virgen...' el devenir de los personajes viaja en paralelo a los avatares de la República; desde el 14 de abril en la escena en la que intempestivamente se presenta ante el director del periódico para que publique el artículo de su hija, hasta la secuencia en la que Hildegart conoce a históricos personajes del PSOE, sin que la escena parezca de cartón-piedra.
Ortiz narra con soltura beneficiándose de una excelente dirección artística y de una buena post-producción digital (la escena del multitudinario entierro madrileño, por ejemplo). El personaje de esa madre omnipresente y controladora sin límites de una radicalidad extrema contra el género masculino, que nada en la utopía bajo una presunción teórica de 'liberar al género humano' - en realidad viene a transformar la Idea en una forma de fascismo y sed de dominio-, está bien perfilado y la directora es capaz de hacer creíble a ese ser abyecto evitando la teatralidad, la película se desenvuelve con un ritmo dramático de una intensidad que no decae. Tan solo un 'vacío' en el guion original de Eduard Sola y Clara Roquet que corresponde al desenlace: con la detención del novio en la casa de ellas, y la posterior llegada a la vivienda donde parece extraño que nada más abrir la puerta se vean armas casi por casualidad.
Heredera en buena medida del estilo y el ritmo del 'thriller' clásico este relato dramático producido de manera solvente desde el punto de vista de los medios y con gran capacidad narrativa de Paula Ortiz resulta una historia impactante más allá de su inspiración en hechos reales, y vuelve a poner en evidencia el riesgo de la utopía llevada al extremo, la deriva del idealismo hacia una opresiva radicalidad, convirtiendo una idea redentora, democrática o igualitaria en el dominio sectario de quien bajo el pretexto libertador deriva en el más absoluto de los fascismos sea en el ámbito público o familiar Extraño que tratándose de una historia tan poderosa y con claves cosmopolitas en el argumento la Academia no haya incluido a 'La virgen roja' en la terna a la candidatas españolas a los Oscar.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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