Baldomero Espartero, el personaje histórico.
- Escrito por José Ramón Colón Carvajal
- Publicado en Historalia
Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro, conocido como Baldomero Espartero, ha sido definido como la figura más destacada del siglo XIX español. Su carrera militar y los éxitos conseguidos en el campo de batalla le catapultaron a la vida política, terreno en el que no logró manifestar la fortaleza y decisión que poseyó en la guerra. A pesar de ello, ostentó la presidencia del Consejo de Ministros, Ministro de la Guerra, regente del Reino, y en su retiro recibió la propuesta para ser coronado rey de España, no perdiendo nunca su fama y contando con un importante apoyo popular. Recibió los títulos de príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana, vizconde de Banderas y Grande de España. Además, fue distinguido como caballero de la Orden del Toisón de Oro, Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, de San Hermenegildo, de Carlos III, de San Fernando, de la Orden del Baño, de la Torre y Espada, de la Orden de la Encina, de San Juan de Jerusalén y Gran Cordón de la Legión de Honor.
La mera relación de cargos, títulos y condecoraciones dejaría incompleta la figura e importancia de nuestro protagonista. Su popularidad se extendió hasta los últimos rincones de una nación que se estaba transformando políticamente durante un siglo XIX convulso. Espartero se convirtió en un ídolo de masas, un mito popular que inspiró obras de teatro, poemas, biografías, novelas e incluso la moda masculina del momento.
Baldomero Espartero, el Pacificador, como sería calificado por una generación, fue una figura poliédrica, con diferentes aspectos como personaje histórico, pero también una figura construida como encarnación de la nación liberal, defensor de la monarquía, las Cortes, el constitucionalismo y la soberanía nacional. La potencia de esta figura ha supuesto una memoria histórica controvertida, conflictiva e incluso arrinconada, destacando no las críticas recibidas, sino la falta de defensores. Adrian Shubert verbaliza este contexto de nuestra historiografía: "las culturas de la memoria son particularmente complejas (...) la memoria histórica sigue siendo larga pero fragmentada y conflictiva, sobre todo en lo concerniente a posibles héroes nacionales".