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Hitler visto por los socialistas españoles en junio de 1931


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“Fanatismo peligroso. Hitler y su programa” fueron los titulares de un extenso artículo sobre Hitler, que se publicó en El Socialista el 12 de junio de 1931:

“Adolfo Hitler es el jefe de los nacional-socialistas, denominación equívoca del más reaccionario partido político, el cual, con los Cascos de Acero o nacional-alemanes, capitaneados por Húgenberg, constituyen la extrema derecha, agresiva e intransigente, del Parlamento germano. Las huestes de Hitler se llaman también racistas y nazis. Hitler es un verdadero «caso»; un paranoico mental. Ni siquiera es oriundo de Alemania. Hijo de un humilde funcionario austríaco, un imperialista profesor de Historia encendió en su imaginación desbordante un fanático amor por el pangermanismo. Se cree el Mesías de los gloriosos destinos. No trabaja, no estudia, no sabe. Desprecia a Austria, a sus razas heterogéneas, a su política de orientaciones democráticas. En sus comienzos de pintor fracasado, formó parte de un Sindicato socialista, cuyo revolucionarismo le atraía; pero le repugnaba su internacionalismo. Guerreó durante el conflicto europeo en las filas del ejército bávaro. Desde la terminación de la Gran Guerra comenzó a delinear su programa político. La política extranjera, los tratados a raíz de la derrota alemana, los tachó de estúpidos, de aguas de cerrajas. La disolución del imperio germano se la achacó a los judíos, y en cuanto a la República que lo sustituyó, la moteja de gárrula e "impotente. Si rechaza la República como forma de gobierno, ¿qué organización pensaría dar al Estado en el caso, no imposible, ele que sus fuerzas crecieran en tales proporciones que lo hicieran árbitro del país? Ya lo dijo Hitler en un discurso famoso: Nada de Comités, de Consejos, de votos ni de órdenes. Una organización de tipo militar sustituirá al Estado.» En el exterior, no hará caso de alianzas ni tratados. «A Inglaterra le concederá trato de amiga, haciendo caso omiso de sus colonias y escuadras; a la Italia fascista, como hermana dilecta; sólo de Francia procurará desembarazarse, aniquilándola; a Rusia..., a Rusia, después de cumplido cuanto antecede, la convertirá en colonias alemanas.»

A seis puntos podemos reducir el programa de Hitler:

1.° Despertar el sentido político del pueblo alemán.

2.° Incitar al combate a las depauperadas masas con el fin de obtener las condiciones materiales de una existencia llevadera.

3.° Sin salirse de la legalidad, cambiar profundamente la política interior y exterior, sin trastrocar la forma del Estado, aunque sí su contenido.

4.º Supresión del «pasillo» polonés y revisión de tratados.

5.° Guerra de exterminio a los judíos, dueños de la Banca alemana.

Y 6.° Lucha contra el marxismo.

Como se ve, no hay una solución concreta para atenuar el pauperísmo, para combatir el paro, para acabar con el hambre que se enseñorea de Alemania. A Hitler no le interesa la cuestión económica, o, por lo menos, apenas la menciona. ¡Cuando en realidad las convulsiones que hoy agitan al mundo, y con más agudeza a Alemania, son de orden fundamentalmente económico! ¡Cuando la misma existencia de los nazis débese exclusivamente al imperativo, mucho más categórico que el de Kant, de la necesidad de comer!...

El brumoso programa de Hitler está cuajado de contradicciones.

Sin embargo, están claras estas deducciones: Militarismo, imperialismo, afirmación del capitalismo, y, como consecuencias inmediatas, revolución en el interior, guerra contra Francia y Rusia, fermentación de otra catástrofe mundial. Hoy, que hasta los más reacios van viendo como una solución al atolladero mundial las soluciones marxistas, el partido hitleriano admite como punto fundamental de su programa la guerra sin cuartel al marxismo. Hoy, que la solidaridad humana se impone como necesidad imprescindible para la vida de los pueblos, Hitler se encierra en un hermético nacionalismo.

No puede uno concebir cómo este hombre aventurero e insustancial ha podido hacer mella en la conciencia de las masas. Quizá su éxito lo deba a su elemental fanatismo, a su bárbara sencillez en exponer viejas ideas que yacen en la subconsciencia de ese pueblo arropadas con promesas de abundancia y gloria inmediatas que, aunque absurdas, las masas incultas y hambrientas aceptan sin reflexionar.

El partido de Hitler no tiene frente a sí otros enemigos serios que a los socialistas, a los que él ha decidido «trabajar» y «limpiar”. El partido nacional-socialista es quizá el mayor peligro para la paz. Porque sus hordas acrecen de manera prodigiosa.

Pero si llegara a triunfar, estad seguros: sería la liquidación del capitalismo, que el vesánico Hitler intenta robustecer. Porque tras su efímera victoria vendría el «diluvio». Porque el capitalismo ha agotado ya todas las posibilidades de subsistencia colectiva. Tras los nazis vendría el bolchevismo para pasar al comunismo o socialismo marxista.”

(Fuente: El Socialista, número 6970)


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