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Recuerdo de un historiador: José María Jover


José María Jover en una imagen de archivo. José María Jover en una imagen de archivo.

José María Jover Zamora (1920-2006) fue uno de los historiadores españoles que, desde la década de los años sesenta del siglo XX, más decididamente contribuyeron a la renovación de la historiografía especializada en la Edad Contemporánea.

Nació en el seno de una familia de clase media en Cartagena –su padre era médico- estudió Filosofía y Letras en las universidades de Murcia y Central, especializándose en Historia, entre 1939 y 1942. En los difíciles años del primer franquismo, se inició en la investigación en cuestiones relativas a la Edad Moderna; trabajos que fueron calificados como culturalistas por otro notable historiador, Vicens Vives, y que el propio Jover abandonó parcialmente a lo largo de su trayectoria académica. No obstante, su tesis doctoral titulada 1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación, defendida en 1947 bajo la dirección de Cayetano Alcázar, se convirtió en un clásico de la historiografía española con el paso del tiempo y en su redacción ya se advirtieron las cualidades que caracterizarían su labor investigadora.

De ahí que, a mediados del siglo XX, Jover se orientara hacia la historia contemporánea mediante un concepto amplio sobre la historia política y de las relaciones internacionales, valorando en su análisis factores como el nacionalismo, los grupos sociales o las mentalidades. Pronto sobresalió también su interés por la historia de la historiografía, de tal manera que sus artículos con el tiempo, llegaron a considerarse un punto de partida para la valoración del panorama historiográfico español tras la guerra civil. En su etapa posdoctoral realizó varios viajes de estudio e investigación en las universidades de Lisboa, París, Roma y Friburgo de Brisgovia, en Suiza. A partir de la década de los años 60 comenzó a concentrar su interés en la historia de la política exterior española, desde el siglo XVIII hasta el XX, renovando decisivamente esta parcela de nuestro pasado.

Como profesor empezó a impartir clase en las Escuelas de Comercio, en la especialidad de Geografía Económica en 1945. Dos años más tarde comenzó a trabajar en la Universidad Central de Madrid –futura Complutense- siendo también colaborador del Instituto Jerónimo Zurita del CSIC. En 1949 alcanzó la cátedra de Historia Universal Moderna y contemporánea en la Universidad de Valencia, volviendo a la capital en 1963. Director del departamento de Historia Moderna entre 1967 y 1974, alcanzó la cátedra, por traslado, de Historia Universal Contemporánea en la misma universidad, vacante por fallecimiento de otro gran historiador, Jesús Pabón. Jover fue jefe de sección en Valencia del CSIC, vicedirector de su escuela de Historia Moderna, y, entre 1967 y 1975, ocupó el cargo de jefe de sección del Instituto Balmes de Sociología. Profesor de Historia de las Relaciones Internacionales y miembro de la Junta de Gobierno de la Escuela Diplomática de Madrid, cesó a petición propia. José María Jover se jubiló en 1986, siendo elegido profesor emérito hasta 1995, año en que se le distinguió con el cargo de consejero permanente de la Universidad Complutense de Madrid.

Vinculado inicialmente a las tradiciones culturales conservadoras de la posguerra, ocupó puestos académicos durante el franquismo, evolucionando hacia posiciones liberales y democráticas, destacando entre sus discípulos, historiadores como Alfonso Ortí, Enric Sebastià, María Elena Hernández Sandoica, Victoria López Cordón y Esperanza Illán Calderón. Casado con la catedrática Guadalupe Gómez-Ferrer -especialista en la utilización de las fuentes literarias en la Historia contemporánea- el matrimonio tuvo ocho hijos.

Miembro del Consejo Libre de Eméritos Universitarios impartió numerosos cursos y seminarios en centros nacionales y extranjeros, como la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, la Escuela Diplomática o la Real Academia de la Historia, de la que llegó a ser académico numerario el 20 de octubre de 1978. Entre otras distinciones fue miembro de Comité Español de Ciencias Históricas, del Instituto de Ciencias del Hombre en Madrid y de la Asociación de Historia Contemporánea. Premio Menéndez Pelayo del CSIC por su tesis doctoral, obtuvo el Premio Nacional de Literatura por el estudio titulado Carlos V y los españoles (1963) y el Nacional de Historia de España por La era isabelina y el sexenio democrático (1834-1874). Tomo XXXIV de la Historia de España Menéndez Pidal, que él mismo se encargó de continuar dirigiendo. Doctor honoris causa por las universidades de Murcia (1985) y Valencia (1991), fue distinguido con la medalla académica en la Universidad Complutense (1987), de la UIMP (1987) y de la Escuela Diplomática (1991). En el año 2000 coronó su carrera con el Premio Menéndez Pelayo. Entre sus últimas obras destacaron Historia y Civilización. Escritos seleccionados (1997) y España en la política internacional. Siglos XVIII-XX (1999).

Como ha subrayado Juan Pablo Fusi, la principal contribución historiográfica de Jover fue la idea de la historia como «historia de la civilización», un concepto que elaboró en diálogo primero con Rafael Altamira y posteriormente con otros historiadores (Carande, Maravall, Braudel, Elias, Vicens…), por el que Jover conceptuaba la historia como «historia integral», es decir, como una historia que incorporase no sólo lo externo -política, instituciones, economía. acontecimientos- sino la historia interna de toda la actividad social (costumbres, usos, ideas, creencias, valores, mentalidades, religión, espiritualidad, técnica, arte, literatura), de forma que la historia fuese el estudio de una sociedad, de la experiencia humana. Lo que Jover concretó en varios grandes núcleos temáticos: los marcos geográficos, los espacios y la vida material; el tiempo y las formas de vida; las instituciones y estructuras del poder; las mentalidades; las concepciones del mundo; la moral social y los comportamientos.

A Jover le preocupó vivamente que el concepto de civilización -entendido como él lo formuló- desapareciese. Creyó que la guerra civil española, un tema sobre el que no escribió pero que estaba detrás de todas sus reflexiones sobre España, fue una verdadera crisis de civilización. Ambicionaba que la «historia de la civilización» educase al hombre en valores morales. Como dijo en 1991, la conciencia histórica era la clave para la formación ciudadana. Por ello, desde el inicio de la Transición democrátaica convocó a historiadores de todas las especialidades y generaciones a reforzar esa conciencia, si no a crearla, a través de su colaboración en la gran Historia de España de Menéndez Pidal/Jover Zamora.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.