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EL PERIÓDICO
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La guerra de Secesión más allá de la esclavitud


El conflicto bélico que dividió la sociedad norteamericana entre 1861 y 1865 fue una guerra civil, la cual -según los historiadores- venía lastrándose desde los días de la independencia de Gran Bretaña. A finales del siglo XVIII, cuando se tuvo que elegir entre una constitución federal u otra confederal, los Estados del Norte defendieron el proyecto federal frente al Sur confederal, donde existía mayor soberanía de los Estados frente al temido centralismo de Washington. Se aceptó la primera opción al ceder los norteños en la cuestión del mantenimiento del sistema esclavista para los sureños, cuya economía de agricultura extensiva necesitaba -según sus elites- ese tipo de mano de obra. Pero mucho consideraron que se había luchado para evitar la dependencia de Londres y no se podía sustituir por otra de la capital federal.

Conforme fue pasando el tiempo, hacia 1820 existían 11 Estados esclavistas y 11 que habían abolido la esclavitud. En 1860 hubo una desproporción de 15 a 18 Estados, lo que les otorgaba mayoría en las Cámaras legislativas. Las diferencias sociales, religiosas y culturales entre el Norte y el Sur provocaron un aumento de las tensiones políticas. Para los sureños pobres resultaba una compensación social considerarse los penúltimos del sistema social, pues siempre se encontraban sobre los esclavos afroamericanos. En este sentido los historiadores hablan de una “compensación cultural” que se convirtió en una seña de identidad de la sociedad sureña, frente a la incomprensión de sus vecinos del Norte, llamados “yankees”, ya que éstos les llamaron “rebeldes” y “esclavistas”.

Por otra parte, otra circunstancia que explicó la guerra fue la lenta pero decidida regionalización económica, generadora de graves tensiones. Mientras el Norte levantaba un complejo industrial –construcción naval, metalurgia, yacimientos mineros, segunda flota mundial- y comercial, el Sur mantenía su especialidad agrícola y ganadera, que le hacía depender tecnológicamente del exterior. En sus intercambios comerciales, el Norte exigía al Sur precios bajos en sus productos básicos como el algodón para la industria textil o el alimento, para lo cual los agricultores sureños exigían el mantenimiento de la esclavitud. Si bien el comercio esclavista, teóricamente había sido abolido en 1808, se mantenía clandestinamente o se favorecía la reproducción de los eslavos, de tal manera que, en 1860, existían 4 millones de esclavos negros.

Frente a estas tradicionales explicaciones políticas, culturales y económicas, algunos historiadores actuales están investigando las religiosas. Efectivamente, para numerosas ramas del protestantismo, los Estados Unidos eran la Nueva Tierra Prometida para un pueblo Elegido por Dios, donde podían desarrollar su cristianismo lejos de la “pecadora y degenerada Europa”. Pero, desde un punto de vista religioso, la sociedad norteamericana comenzó a dividirse antes del estallido de la guerra, entre quienes defendían esta visión y quienes la cuestionaban, señalando la paradoja de la conquista de tierras a los nativos del Oeste, en vez de su evangelización e integración, además de la existencia de la esclavitud, un pecado ante Dios. Hubo líderes protestantes radicales que, por medio de las armas y la violencia, se enfrentaron a esclavistas y a las autoridades, agudizando el odio hacia los sureños, considerados unos malos cristianos.

Todo ello condujo a una crisis política, motivada por la primera separación de 7 Estados sureños el 4 de febrero de 1861 que propusieron crear una Confederación, sin tribunal supremo, una sola Cámara, una presidencia con menos poderes y con Richmond como capital. No obstante, algunos Estados sureños buscaron una solución de compromiso con el Norte, pero al no encontrarla y producirse la victoria electoral a la presidencia de Abraham Lincoln (4 de abril de 1861) -partidario de la abolición- se produjo la guerra.

Durante los siguientes cuatro años, la sociedad soportó numerosas batallas de desgaste. Para algunos historiadores, la conquista de un espacio inmenso territorialmente hablando, unido a unas fuerzas armadas no especialmente preparadas, explican la duración del conflicto civil. Pero pronto quedó claro que el Norte era más fuerte pues contaba con más población y recursos económicos, con una mayor y mejor flota –con la que bloqueó los puertos sureños-, mejores comunicaciones y mayor potencia industrial que el Sur. Al cortar sus ejércitos la comunicación del Sur con el Oeste y el Océano le abocó a la autarquía y al hambre. Pero el Sur, pese a su inferioridad económica, logró numerosas victorias militares, siendo suya la iniciativa militar entre 1861 y 1863. Fracasó finalmente en sus intentos diplomáticos de obtener más ayuda de potencias europeas como Gran Bretaña o Francia, perdiendo la decisiva batalla de Gettysburg (1-3 de julio de 1863) y la guerra. La rendición se firmó el 9 de abril de 1865.

Las consecuencias fueron muy duras para el Sur, que se hundió económicamente mientras era ocupado militarmente entre 1865 y 1877, iniciándose una lenta reconstrucción. En comparación, el Norte potenció su economía y organizó los estados sureños a su propio interés. La guerra había potenciado la industria, la minería, el ferrocarril y la venta de armas, en beneficio de su burguesía. Desde un punto de vista político, el 18 de diciembre de 1865 se aprobó la XIII enmienda a la constitución por la que se suprimía la esclavitud. Se abolió la Confederación y se aceptó la vuelta de los Estados sureños al seno de la Unión en la plenitud de sus derechos.

El asesinato de Lincoln (14 de abril de 1865), el cual preparaba una amnistía a diplomáticos, militares y funcionarios de la Confederación, complicó extraordinariamente la paz. El presidente Grant se negó a aplicar una política de concesión y obligó al Sur a aceptar la abolición y la eliminación de leyes distintivas. Ese mismo año comenzó a surgir el Ku Klus Klan, con la consiguiente represión militar. En 1866, se obligó a los Estados del Sur a reconocer la XIV enmienda (igualdad de derechos civiles a todos los nacidos en Estados Unidos y ante la ley) antes de enviar representantes al Congreso Federal. Mientras 7 Estados se sometieron otros 3 resistieron durante cuatro años. En 1870 se concedió el voto a los afroamericanos.

Sin embargo, la crisis económica desarrollada desde 1873 a 1877 provocó que se suavizaran las medidas represivas contra el Sur, de tal manera que, poco a poco, las antiguas élites sureñas volvieron a tomar el poder en sus respectivos estados. Se frenó la política de integración de los negros, reducidos a ser mano de obra barata y analfabeta, por lo que la cuestión de su verdadera integración en la sociedad norteamericana se convirtió en un problema pendiente.

El lector interesado puede ampliar su conocimiento con

Emilio Ablanedo Reyes, Confederación. Los Estados Confederados de América y la Guerra Civil 1861-1865, Actas, 2021.

Juan Carlos Segura Just, Hispanos y españoles en la Guerra de Secesión americana, Actas, 2019.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

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