Quantcast
EL PERIÓDICO
Edición: ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
Apóyanos ⮕

La importancia histórica del concilio Vaticano II (1962-1965)


Hasta ahora, en el debate historiográfico sobre un acontecimiento clave de la Historia -no sólo del siglo XX- como fue el Concilio Vaticano II, los historiadores se han posicionado en dos tendencias. Por una parte aquellos que observan que su celebración enriqueció la teología cristiana, al recoger las mejores aportaciones que se habían hecho en la primera mitad del siglo. Además, fue un encuentro más abierto con la modernidad, afianzando la idea de cambiar la postura defensiva por el acercamiento. Se pretendió retornar a las fuentes del cristianismo, flexibilizar la organización interna de la Iglesia y cerrar la época de la Iglesia trentina, abierta en el siglo XVI. En definitiva, La Iglesia católica puso los cimientos para mejorar su adaptación al mundo moderno.

Por otra, existen historiadores que piensan que su importancia ha decrecido con el tiempo hasta hoy, opinando que el Concilio no sirvió para revitalizar la Iglesia sino para sumergirla en una crisis más grave. Algunos apuntan que si bien se renovó la teología, no lo hizo el derecho canónico, manteniéndose el aprobado en 1917 y se desarrollaron, hasta hoy, enormes resistencias -entre católicos- para aceptar sus conclusiones, a pesar del apoyo de los siguientes papas. Una cosa es obedecer y otra es aceptar, como ocurre en toda obra humana.

En todo caso fue un hecho histórico decisivo en medio de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética (1945-1990). Caber recordar que su convocatoria se produjo en menos de 3 meses tras ser elegido papa Juan XXIII el 25 de enero de 1959. El papa Roncalli, con la convocatoria, subrayó que la gestión del poder (magisterial y de jurisdicción) correspondía al pontífice y a los obispos del mundo, recordando de esa manera que no era sólo responsabilidad de la curia vaticana. Los obispos representan a los fieles, puesto que la Iglesia no sólo es una jerarquía triangular sino un círculo de creyentes, por lo que se les llamaba a Roma para un concilio. Se hizo una convocatoria mundial, todos los continentes enviaron representantes que demostraron la universalidad étnica, cultural y espiritual del ser humano; asistieron mujeres y, como invitados, representantes de otras religiones.

Hasta ese momento habían sido organizados dos tipos de concilios. Por una parte, los doctrinales -para definir dogmas y precisar doctrina- y pastorales, para reorganizar su acción y presencia ante la evolución histórica. Las comisiones preparatorias discutieron qué tipo de concilio sería el impulsado por Juan XXIII y sus conclusiones no fueron claras, pero el 11 de octubre de 1962 se produjo la apertura solemne por el papa que deja claro en su discurso que el concilio sería doctrinal y pastoral. Además, aclaró que los obispos debían buscar el "aggiornamiento" de la Iglesia, es decir su renovación y puesta al día, sin que ello supusiera abandonar principios fundamentales del catolicismo.

Juan XIII falleció el 3 de junio de 1963, sucediéndole Pablo VI que impulsó dos temas en los trabajos y debates del Concilio. Por una parte, la necesidad de precisar doctrinas claras en la teología. De ahí proclamación de la vivencia de unión de los católicos como “comunión jerárquica", definición que fue una solución de compromiso entre diversos grupos. Se llegó a definir a los obispos como sujetos de la potestad suprema de la Iglesia –como institución- junto al papa, siempre de acuerdo con él y nunca sin contar con él. Y se potenció el método inductivo en la teología, de tal manera que los textos sagrados se debían leer desde la situación histórico-cultural-social del momento.

El segundo tema en el que también insistió fue el diálogo con el mundo contemporáneo, siguiendo la estela de Juan XXIII. De ahí la serie de importantes reformas litúrgicas que impulsaron las lenguas vernáculas, arrinconando el latín; la famosa declaración sobre medios de comunicación, cuya responsabilidad ética era fundamental para el desarrollo adecuado de la humanidad; la constitución Gaudium et spes, donde se dejó clara, por parte del creyente católico, la abierta solidaridad con el género humano y su historia. También se concluyó que la Iglesia debía presentarse no como superior sino como solidaria, pues el centro de las preocupaciones católicas no debían ser los bienes sino la vida. Asimismo, la Iglesia no debía sólo evangelizar el mundo sino aprender constantemente de él, de tal manera que se insistía, al lado del adoctrinamiento, en el diálogo, sin que ello supusiera una renuncia a la fe.

En los años que se sucedieron, se mostraron múltiples preocupaciones entre asistentes. Hubo un grupo que tuvo miedo a los peligros de la secularización, los avances del marxismo, el modernismo, el materialismo.. frente a otro, al que le preocupó mucho más la renovación de la teología y no le importó ceder, a cambio, en la organización interna. Pero en todos se manifestó un objetivo claro: el fomento de la unión de los cristianos, es decir, el ecumenismo. Finalmente, entre otros frutos, se aprobaron cuatro constituciones, nueve decretos y tres declaraciones sobre educación cristiana, relaciones con otras religiones cristianas y libertad religiosa.

No obstante, hubo insatisfacciones, por ejemplo, entre quienes pretendieron no negociar en el Concilio sino imponer sus tesis; entre los partidarios de la autoafirmación del Concilio Vaticano I y las posturas de enfrentamiento constante con la modernidad; entre los partidarios de aceptar algunos supuestos sobre el aborto, abolir el celibato sacerdotal o aprobar la opción fundamental (la infidelidad temporal en el matrimonio no es pecado grave mientras se mantenga otra esencias del mismo); entre los partidarios de acabar con el centralismo romano y la autoridad del pontificado.

Pero, en todo caso, fue un paso decisivo en la historia de la Iglesia Católica que forma parte de la historia de la Humanidad.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Tu opinión importa. Deja un comentario...

Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider