EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Evolución de la valoración de la mujer en la edad media y moderna


  • Escrito por Concepción Escrig Ferrando
  • Publicado en Historalia
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Un hecho decisivo para la vida de las mujeres en la Europa que comenzaba a formarse tras la crisis del Imperio romano fue la expansión del cristianismo. En los evangelios, Jesús de Nazaret no hizo discriminaciones a la mujer, pese a la tradición que le precedía, de tal manera que prometió “el Reino de los Cielos” a todo el que adoptara sus enseñanzas, sin importar el rango o el sexo. Las mujeres recibían formación doctrinal y los sacramentos al igual que los varones, y su fe sería igualmente un elemento decisivo y favorable para tal Reino. De esta manera, se predicó la igualdad de todos los creyentes en su doctrina, hecho decisivo para las futuras generaciones de mujeres europeas.

Conforme fue pasando el tiempo, se apreció a la mujer cristiana en los cometidos poco tradicionales de maestra, mártir, misionera y fundadora, aunque todavía se tuvieron presentes las tradiciones misóginas, ya que estaban en todas las grandes culturas anteriores como la griega, la romana, la hebrea, las celtas y las germánicas. No obstante, sorprendió a sus contemporáneos, que al abrir un camino de unión con Dios mediante el celibato, las vírgenes y las viudas dejaron de tener un estigma social. Las vírgenes que quisieran mantener su celibato en razón de su vocación religiosa, fueron defendidas, y las viudas, eran atendidas por la comunidad cristiana y colaboraban con la evangelización y en labores sociales. Asimismo, desde la familia, vemos mujeres que influyeron en sus hijos, hermanos o maridos para ser dirigentes que se basara en el cristianismo. Ejemplos serían Elena, madre del emperador Constantino; Melania de África, esposa de Piniano; Pulqueria, hermana del emperador Teodosio, o Ingunda, esposa de Hermenegildo de España.

Pero según fue avanzando el tiempo, en la Europa medieval tal libertad se matizó desde escritos teológicos -concedida a las mujeres en los primeros siglos de la Era cristiana- por no saber -o no querer- romper con conceptos patriarcales relacionados con los roles jerárquicos de cada sexo, permanentes en las antedichas culturas. En esta concepción vemos a ciertos maestros escolásticos que recibieron la influencia de la tradición helenístico-romana (Aristóteles, el estoicismo filosófico y la literatura satírica). En contraste, la gran mayoría de los monjes, desde la tradición bíblica y patrística -además de su propia elaboración teológica- valoraron a la mujer y declararon su igualdad con el varón a los ojos de Dios. Se aprecia, pues, una escasez de consenso entre los pensadores cristianos.

Ya en la Baja Edad Media, la paulatina implantación del derecho romano, la mentalidad burguesa y la literatura popular (como los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer) deteriorarían la situación de la mujer hasta convertirla en el siglo XVI en un ser incapaz ante el poder marital. Tal mentalidad se formó y circuló principalmente en las villas y ciudades, siendo en el medio rural donde, paradójicamente, a la vez que se perpetuaron tradiciones y costumbres, más se valoró a la mujer. La razón se basó en que en los lugares apartados de la sociedad urbana, como el campo, se encontraban los monasterios de religiosos y religiosas, los cuales, contribuyeron a validar la consideración de la mujer de Jesús.

Este debate interno en el cristianismo acerca de lo femenino fue zanjado por parte de los reformistas protestantes en el siglo XVI. Partiendo de que el matrimonio era el estado en el que toda persona adulta debía estar, pensaban que la mujer debía ser substancialmente esposa y madre, siendo el padre el guía de la familia, al que hasta los hijos debían sujeción para lograr el sostenimiento del orden en la sociedad. Emergió entonces una literatura protestante que refutaba a las mujeres “sin amo”, llegando al punto de ridiculizar a los maridos “pusilánimes” y de recomendar el maltrato físico de la esposa. Igualmente, la consideración femenina se hundió en cuanto se rechazó el culto a la Virgen María y la veneración de las santas, quedando la religión protestante sin referentes femeninos. Por último, cundió la creencia popular de que si la mujer llegaba a trabajar fuera de su hogar resultaría, indudablemente, un signo de las necesidades económicas de la familia, y por tanto, de que Dios no les favorecía. Esta idea fue efecto de la propagación de la doctrina calvinista del éxito profesional como signo de preferencia divina.

No obstante, aún veríamos mujeres situadas en el ámbito público desde el poder político, como demuestran las actuaciones de reinas como Isabel la Católica, Isabel de Inglaterra o Cristina de Suecia, entre otras muchas. No debe olvidarse además que las infantas de la Casa de los Habsburgo eran educadas para ser futuros apoyos políticos de sus maridos o de la dinastía en último término, asumiendo, en ocasiones, tal poder. Otras mujeres lograron acceder a ciertos espacios de poder informal en los centros de decisión políticas; algunas destacaron en el mundo de las Bellas Artes; muchas regentaron talleres y obradores o bien dirigieron negocios por sí mismas. Durante el Antiguo Régimen español, las normativas gremiales impedían el acceso a la dirección de talleres a las mujeres, salvo en el caso de quedarse viudas, e incluso en ese caso, sólo durante un año. Sin embargo, de la lectura de los archivos de protocolos notariales se evidencia que, en el siglo XVIII, hubo mujeres que no cumplieron las ordenanzas gremiales, dirigiendo negocios y tiendas más allá del tiempo normado, ejerciendo como pequeñas prestamistas, parteras y fabricantes.

La contradicción de igualdad e inferioridad por parte del catolicismo, junto a la afirmación de inferioridad femenina protestante, fueron transmitidas a la Edad Contemporánea. Un momento de ruptura fue la Revolución Francesa de 1789, momento en que las mujeres demandaron públicamente participación política y el fin de los privilegios de la aristocracia y del clero, al igual que los varones. Pero, finalmente, vieron rechazadas sus pretensiones igualitarias, y la universalización de las propuestas revolucionarias solo afectarían a los varones. De ahí que la lucha por los derechos de la mujer sean, aún hoy día, materia de preocupación pública.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.