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Las banderas de los ejércitos enfrentados durante la tercera guerra carlista


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Entre 1872 y 1876 se desarrolló en España la Tercera Guerra Carlista, la cual, al ser una guerra civil planteó la necesidad de redefinir no sólo los uniformes sino también las banderas y estandartes de ambos ejércitos. La sucesión de varios regímenes en el Bando Liberal también obligó a modificar sus enseñas.

Al comienzo de la guerra, en abril de 1872, reinaba Amadeo I de Saboya, cuyos soldados continuaban utilizando las mismas bandera rojigualdas adoptadas desde 1843, con el escudo real reducido en su centro, sobre el cruce de un aspa roja de Borgoña y con lema a su alrededor, indicativo del nombre y número del regimiento, así como del batallón al que pertenecían. La única novedad fue la sustitución, por Reales Ordenes de 23 de mayo y 14 de octubre de 1871, del escusón central de su escudo con las armas de la Casa de Borbón por otro nuevo, la cruz blanca sobre fondo rojo de la dinastía italiana de los Saboya.

Continuaron usándose una corbata roja y otra amarilla en las banderas, así como las de las órdenes de San Fernando y Piana, aquellas unidades que estuviesen en posesión de las mismas, y otra bandera, con cantos blancos y el lema “Jura de la Constitución/del año de 1869”, que les había sido entregada en el verano de dicho año, a medida que prestaban lealtad a la misma. Pero el 11 de febrero de 1873, la Primera República sucedió a la Monarquía, con alguno de sus más entusiastas seguidores desplegando banderas rojas en edificios públicos, como el ayuntamiento de Zaragoza. Pero la prensa republicana menos revolucionaria anunció que la nueva enseña nacional tendría los colores morado, blanco y rojo, que ya habían sido propuestos por ciertos periódicos durante la revolución de 1868. En el balcón del ayuntamiento de Barcelona se izó la bandera federal de Cataluña de color rojo con un triángulo blanco, en el cual en letras rojas y con estrellas blancas se leía “Democracia y Cataluña”.

El presidente Estanislao Figueras explicó que los colores de la enseña patria deberían ser morado, encarnado y amarillo puesto que eran los que habían defendido al comienzo del Sexenio Revolucionario (1868-1874) los concejales madrileños, acostumbrados a llevar la faja municipal con esos colores. Otros republicanos, que tenían como modelo a los Estados Unidos de Norteamérica, defendieron la enseña con los colores rojo, blanco y azul o azul, blanco y rojo. Al final, primó la disparidad. Se llegaron a utilizar en instituciones públicas algunas tricolores, en donde aparecía un triángulo, con el lema francés “Libertad, igualdad y fraternidad” que extraoficialmente se adoptó como emblema. En otras, se bordó un sembrado de estrellas, distribuidas como en la vía láctea, aludiendo a los estados que componían la “Confederación española”. En el Instituto Provincial de Tarragona se izó una bandera española rojigualda con el triángulo republicano.

Frente a esta confusión simbólica, el ejército liberal continuó luciendo sus banderas rojigualdas, hasta que, finalmente, el 2 de octubre de ese mismo año, el Gobierno republicano –en un gesto de sensatez- decidió poner fin a esta polémica disponiendo que la bandera nacional siguiese siendo la rojigualda, suprimiéndose los símbolos de la Monarquía, lo que en la práctica se tradujo en el desbordado de la corona real y del escusón central –de la Casa de Saboya- que, en ocasiones, todavía retenía el de los Borbones. En otras banderas se optó por la ocultación provisional bajo un retal del mismo color que el fondo del paño. Sin embargo, no se sustituyó la corona real por ninguna mural, a diferencia de las banderas de la Segunda República.

A comienzos de 1874 se produjo un golpe civil y militar, que no ocasionó ningún cambio en las banderas, al mantener el régimen republicano. Pero, con la llegada al trono del rey Alfonso XII, se restableció el 6 de enero de 1875 el decreto de banderas de 1843, que en realidad no había dejado de estar en uso en el ejército, así como el escudo real usado hasta 1868 para lo cual en la mayoría de los casos se limitaron a arrancar los parches de paño que, desde 1873, ocultaban los símbolos monárquicos, aunque en otras banderas fue preciso bordarlos nuevamente. El 16 de abril, otro Real Decreto prohibió el uso de cualquier corbata que no fuese la de San Fernando –además de las habituales roja y amarilla-, pero el 21 de mayo se autorizó también el uso de la corbata de la orden Piana, eliminándose la de la jura de la constitución de 1869. Como curiosidad, los batallones de reserva, movilizados por la República en 1873, reutilizaron en 1875 banderas utilizadas anteriormente por otras unidades y depositadas en la basílica de Atocha, en Madrid. De esta manera, la bandera del batallón provincial de Málaga tenía el lema “Regto. Asturias 31-3R. Bon” y el provincial de Badajoz “Regto. Infa. Reina nº 219”.

En la España carlista, sus soldados utilizaron también banderas rojigualdas, ya que si Carlos VII se consideraba heredero legítimo del trono no parecía lógico pensar que adoptase otros colores distintos de los que desde 1843 eran considerados como nacionales. Por otra parte, este hecho demostró la enorme popularidad de los colores de la enseña patria en todas las regiones españolas. No obstante, los carlistas también usaron algunas banderas blancas y moradas.

¿Ello supuso cierta confusión en las banderas? Indudablemente fue necesario diferenciar las de ellos y sus enemigos, por lo que se optó por usar generalizadamente imágenes religiosas, especialmente la de la Inmaculada Concepción, así como el lema “Dios, Patria, Rey” y la de lucir distintos bordados en sus anversos y reversos. Así, por ejemplo, la bandera del 2º de Castilla, rojigualda, lucía en su reverso al arcángel San Miguel venciendo a Lucifer, con el lema “Yo soy el príncipe de los ejércitos del Señor/ y ahora vengo”; la bandera blanca del 4º de Castilla, en su reverso, tenía bordada la cruz de Santiago y el lema “In hoc signo Vinces/Santiago nuestro patrón/defiéndenos”. La bandera de los voluntarios asturianos tenía un óvalo azul cargado con la cruz de la Victoria y el junto a la trilogía de palabras tradicional, el lema “Dn. Jaime de Borbón príncipe de Asturias”, en alusión al hijo y sucesor de Carlos VII.

Además, se colocaron corbatas en las banderas que se habían hallado en los siguientes combates. Entre otras, unas rojas por las victorias de Berga y Montejurra, verde por las de Alpens y Somorrostro y celeste por la entrada en Cuenca.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

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