Ifigenia, mujer de raza fuerte
«¡Ojalá que esta expiación produzca el efecto que deseo!»
Ifigenia en Táuride, 412-14 a. C., Eurípides
- Publicado en Cultura
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
«¡Ojalá que esta expiación produzca el efecto que deseo!»
Ifigenia en Táuride, 412-14 a. C., Eurípides
«Dicho DIARIO está tan empapado de mentiras que incluso un hecho no
falseado viniendo de él parecería falso. En pocas palabras: embrutece hasta la
verdad cuando la recoge de forma “verídica”»
El honor perdido de Katharina Blum o: Cómo surge la violencia y hacia dónde
puede conducir, 1974, Heinrich Böll
«Todo intento de un individuo de resolver por sí mismo lo que a todos concierne fracasará. (...) Lo que a todos conciernen, solo pueden resolverlo todos»
Los físicos, 1962, Friedrich Dürrenmatt
«Princesas había muchas, mas nunca lograba asegurarse de que lo fueran de veras; cada vez encontraba algo que le parecía sospechoso»
La princesa y el guisante, 1835, Hans Christian Andersen
«Yo me elegí a mí mismo y, después de una lucha sombría, me entregué»
El extranjero, 1942, Albert Camus
«Nunca he conocido a una mujer que logre un cambio tan duradero en su vida»
La mujer zurda, 1976, Peter Handke
Es una novela encuadrada en la denominada nueva subjetividad que floreció entre los autores de lengua alemana durante la década de 1970, con un estilo casi cinematográfico que propició la versión en cine homónima dirigida por el autor. Marianne es la mujer zurda que se enfrenta a los convencionalismos sociales y económicos ante los que, de manera firme y obstinada, no cederá.
«La libertad de pensar, y de mal pensar y de pensar poco, la libertad de elegir
yo misma mi vida, de elegirme a mí misma. No puedo decir "de ser yo misma"
puesto que no era más que un barro moldeable, pero sí la libertad de rechazar
los moldes»
Buenos días, tristeza, 1954, Françoise Sagan
«A veces, por supuesto, el arte crea el sufrimiento en primer lugar»
La pianista, 1983, Elfriede Jelinek
«En lugar de estrechar tu mundo, de simplificar tu alma, tendrás que acoger
cada vez más mundo, tendrás que acoger a la postre al mundo entero en tu
alma dolorosamente ensanchada, para llegar acaso algún día al fin, al
descanso»
El lobo estepario, 1927, Hermann Hesse
«¿Crees de veras que cada opción política tiene su música?
—Tampoco es eso —dijo Laly—, pero tú me dirás cómo casas el género chico
con una alternativa progresista»
El disputado voto del señor Cayo, 1978, Miguel Delibes
«El reciente encuentro con Poli me había quitado muchos escrúpulos y me
decía que, en el mundo, de día y de noche, había privilegiados todavía más
absurdos que yo.
(...) La riqueza es potencia, eso es todo»
El diablo en las colinas, 1948, Cesare Pavese
«Tenía la constante sensación, mientras miraba los taxis, de encontrarse lejos, muy lejos, mar adentro y sola; siempre tenía la sensación de que era extremadamente peligroso vivir, aunque solo fuera un día»
La señora Dalloway, 1925, Virginia Wolf
«El éxito puede ser efímero, pero el fracaso es eterno
en una sociedad tan implacable como la nuestra»
«Poniendo a Dios por testigo de este Contrato entre tú y yo… Amén, etcétera. (Uno): que yo y tú resolveremos este asunto juntos; p. ej., ser reyes de Kafiristán. (Dos): que en tanto resolvamos este asunto ni yo ni tú nos acercaremos al alcohol o a ninguna mujer, negra, blanca o morena, para no mezclarnos nocivamente ni con lo uno ni con la otra. (Tres): que nos conduciremos con dignidad y discreción, y si uno de los dos tiene problemas, el otro permanecerá a su lado.
Firmado con fecha de hoy por ti y por mí.
Peachey Taliaferro Carnehan y Daniel Dravot
Ambos caballeros sin domicilio establecido…»
«En ese estado de alucinada lucidez no solo veían las imágenes de sus propios sueños, sino que los unos veían las imágenes soñadas por los otros»
Cien años de soledad, 1967, Gabriel García Márquez
«Besar o matar a alguien son cosas tal vez opuestas, pero contar el beso y contar la muerte asimila y asocia de inmediato ambas cosas, establece una analogía y erige un símbolo»
Corazón tan blanco, 1992, Javier Marías
«He optado por el viaje, y me siento como salido de una prisión: todos los viejos deseos y alegrías se han liberado al fin»
La estatua de mármol, 1819, Joseph von Eichendorff
«No es la sangre la que da el mando, ni el apellido, ni la gens, sino el conocimiento, el estudio, la reflexión, el hábito»
La liberta, 1999, Lourdes Ortiz
«Triboulet: No os temo. Rodeado de poderosos a quienes hago la guerra,
nada temo, caballero, porque no tengo sobre los hombros otra cosa que
arriesgar que la cabeza de un loco»
«Si algo pueden mis versos,
ningún día borrará vuestros nombres
del recuerdo del tiempo mientras muere el linaje de Eneas
en la firme roca del Capitolio
y siga el padre de Roma manteniendo su poder»
La Eneida, s. I a. C., Virgilio
«Bien mirados, todos nos ocultamos, completamente desnudos, en los vestidos que usamos»
Cuadros de viajes, 1824-28, Christian Johann Heinrich Heine
«El paso del tiempo solo añade una confusión más al duelo.
Si debo engañarme a mí mismo, preferiría quedarme del lado de la confianza, pues no perderé más allá y sufriré menos»
«De este modo, la energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la energía de la noche se retira; en consecuencia, los expertos en el manejo de las armas evitan la energía entusiasta, atacan la decadente y la que se bate en retirada. Son ellos los que dominan la energía»
El arte de la guerra, aprox. s. V a. C., Sun Tzu
«¿Así que ha llegado a este punto, ¿la obediencia y el miedo huyen juntos?»
Guillermo Tell, 1804, Friedrich Schiller
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