Lobo-hombre (en París)
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Felizmente, pensó no obstante, la penosa transformación habría de limitarse a los días de plenilunio. Pero no dejaba de sentir sus secuelas, y esa cólera latente, ese deseo de venganza no dejaban de inquietarlo»
El lobo-hombre, 1947, Boris Vian
Boris Vian, el llamado escritor orquesta, apuró bien sus breves años de vida haciendo casi de todo: fue ingeniero, escritor, traductor, inventor, periodista, trompetista de jazz, actor, cantante… Es el rey de los heterónimos y de las vueltas de tuerca, el símbolo perfecto del Barrio Latino del París de la posguerra.
Y quizá por esa afinidad entre música y literatura su mejor versión cantada sea la canción de La Unión. La seguimos aullando cada vez que la escuchamos, agradeciendo a Rafa su cambio de piel de falso lobo de nenas para ser feliz, a Luis su poderío y estampa en el escenario, y a Mario su constante alegría y capacidad de asombro (que la tierra te sea leve, allá donde estés en tu cueva de lobo). Todos salieron del bosque de los Falsos Sosiegos y cambiaron los escenarios por la vida plena. Y a pesar de los zarpazos, intuyo que los tres pasaron de ser lobos, para volver a ser Denis.
Es curioso que un cuento tan breve sea tan célebre. Quizá se deba a que está escrito con gran soltura, riqueza y agilidad literaria, con un lenguaje rápido y rico en registros, con una profunda ironía y un humor absurdo e hilarante, desde el que en realidad se esconde un gran dolor existencial. Denis es un lobo vegetariano, amable y solitario que por la mordedura del Mago del Siam, un hombre-lobo algo salidillo, se convierte en un ser humano agresivo que huye de la soledad y acaba entre personajes lumpen de París, donde vivirá ciertas aventuras y experiencias en una noche de plenilunio que solo le harán desear huir de nuevo a su guarida, esperando que las campanadas de una Cenicienta que no busca ser princesa le devuelva su ser de lobo.
Vian sabe que lo une al lobo y al hombre es que son depredadores organizados, que son especies que se reconocen. La permuta licántropa es objeto de multitud de cuentos y leyendas, pero la contraria solo puede producirse en una época como la nuestra en la que los verdaderos lobos somos nosotros: aullamos para comunicarnos, aceptamos y seguimos al líder de la manada, mudamos de pelaje (léase chaqueta), somos oportunistas, tenemos un gran olfato (sobre todo para medrar), amenazamos y mordemos ante el menor signo de ataque y vamos a muerte. Denis es un cordero con piel de lobo y los humanos lobos sin más.
Por eso y por mucho más, ningún otro laureado por el Colegio de la Patafísica podría haber escrito El lobo-hombre.
Solo este hombre-orquesta. Solo este sátrapa trascendente. Solo un polímata de 27 años, la edad de entrada en el selecto Club de los 27.
¿Otro mordisco de lobo?
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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