¿Aleph o coronavirus?
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
En el cuento infinito de Borges, el Aleph es ese lugar mítico del universo donde todos los actos, todos los tiempos (presente, pasado y futuro), ocupan «el mismo punto, sin superposición y sin transparencia» y en nuestro cuento de vida finito, ese punto es la representación gráfica de la esfera del coronavirus, una circunferencia de pocos centímetros que nos ha dejado visiblemente desnudos.
En nuestra realidad no estamos ante un relato inverosímil, pero sí perturbador, y al igual que sus personajes nosotros mismos estamos participando de una trama que ya no es ficción. De pronto, justamente en lo cotidiano, es donde hemos descubierto un agujero infinito y todo lo que nos muestra parece imposible de calibrar y aprehender, porque ya no podemos tolerar tanta información contradictoria (y al mismo tiempo posible) sobre un mismo tema.
De pronto, el coronavirus se ha convertido, aquí y ahora, en el principio de simultaneidad del que Borges habla en su relato. El microcosmos se ha fusionado con el macrocosmos y nos ha dejado descabezados. Si Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo ̶ pero también del persa y del árabe ̶ y expresa la voluntad divina y la del universo contenido en la palabra, el coronavirus se ha convertido en la metáfora tangible del infierno, la espita que abre todas las sucesiones de realidades posibles e imposibles, un auténtico escenario de sala de espejos interminable. Nuestra bajada a los infiernos en estos tiempos del virus es semejante a la del sótano donde Borges verá todos los eones fusionados en una realidad simultánea, pero es una visión que no solo resulta inefable, sino también aturdidora.
De pronto, la realidad, nuestra realidad, ha perdido su centro de gravedad y nos vemos lanzados a multitud de distorsiones simultáneas que nos arrojan de bru ces contra la pared. Todo sucede a una velocidad vertiginosa, los tiempos y espacios se amalgaman solapándose encerrados en las verdades y mentiras que vemos y escuchamos, atentos a las sensaciones ilusorias en las que estamos inmersos. La realidad ha superado la ficción y la brújula ya no apunta al norte.
Parece que todos a una hemos pronunciado en voz alta ¡Aleph! y el enorme eco producido ha desatado la multiplicidad constante y terrible de un cosmos concurrente que no somos capaces de soportar. Parece que pronunciar coronavirus tiene el mismo efecto y nos cuesta cada día más recuperar lo que fuimos antes de bajar las escaleras de nuestro propio sótano interno. Estos últimos meses han sacado lo mejor y lo peor de cada uno, pero nada que no contuviéramos antes, con la diferencia de que ahora somos visibles a los ojos de todos, en una concentricidad que todo lo abarca.
Y si el Aleph lo abarca todo, si quien lo vea lo habrá visto todo, entonces ahora, posiblemente, lo más difícil será lograr alcanzar el olvido.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.