Lucía, la novia de Lammermoor
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«—¿Mi amo? —replicó Craigengelt, envalentonado al ver de lejos al coronel Ashton y a Bucklaw—. Permitidme deciros que nadie en la tierra es mi amo, ni permitiré a nadie ese lenguaje conmigo»
La novia de Lammermoor, 1819, Walter Scott
Creo que a sir Walter Scott lo conocemos todos, abogado, editor y escritor culto, de profundas raíces escocesas y el padre del nacionalismo de un país que continúa sometido al yugo británico. Escribe, recuperando un pasado nacional glorioso, desde el presente, muy consciente de la propaganda y la reivindicación sociopolítica que hace, profundo conocedor de su historia y su dolor. Qué orgulloso se sentiría, ahora que Escocia vuelve a replantearse pedir su independencia tras la salida de Inglaterra de la UE.
Esta novela histórica, un auténtico best seller de la época, es un relato de amor entre dos jóvenes de familias enfrentadas por cuestiones de honor y tierras, con la salvedad de que al menos aquí el padre de la novia no está en contra de la unión, lo cual supone un importante avance con respecto a la temática de amores infortunados, si bien, como no puede ser de otra manera en el Romanticismo, el final es aciago y el eterno enfrentamiento entre jacobitas ̶̶ partidarios de restaurar en el trono de Escocia a la casa Estuardo ̶ y los protestantes ingleses de Guillermo de Orange, es la tela de cota de malla que campea a lo largo de todo el relato, ya unificados en el s. XVIII bajo el reinado de Ana, la viuda de Orange. Se acabó el tartán y dejaron de sonar las gaitas y de oírse el idioma gaélico. A veces, eso es lo que conllevan las hegemonías.
Los personajes de la novela son románticos, arquetípicos en cierta medida, algunos incluso referentes literarios de otras obras (hay sanchismo en el criado Balderstone y referencia a las tres brujas de Macbeth en las del cementerio) pero, sobre todo, es un claro referente al momento histórico de la unificación forzosa de ambas naciones bajo bandera británica. También dejará muchas improntas literarias, aquí tenemos el precioso ejemplo de El señor de Bembibre de Gil y Carrasco, y una profunda huella en escritores europeos de la talla de Goethe o Victor Hugo. Sin olvidar la famosa ópera de Donizetti…
Así que es la modernidad de esta novela, que junto a El corazón de Midlothian y Rob Roy conforma la trilogía de los Cuentos de mi terrateniente, la que le confiere su categoría de joya literaria atemporal. Una historia que parece repetirse en unas tierras altas cargadas de misterio y corazones bravíos. Con estos presupuestos, no es extraño que, aunque todo acabe del mismo modo trágico en el que finalizan las esperanzas de una patria independiente, Scott no haya dejado nunca de aventar los sueños oteando el horizonte desde su grandioso monumento en Edimburgo. Y lo más curioso es que el autor dice no recordar apenas nada de lo que escribió sobre Lucia de Lammermoor, al hacerlo bajo un estado alterado y narcotizado.
Quizá sea la única forma de soportar el mundo.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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