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El síndrome de Stendhal


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«De lejos, no nos imaginamos lo que es la autoridad de un déspota que conoce de vista a todos sus súbditos»


La cartuja de Parma, 1839, Stendhal

He aquí un libro de escrito en un mes, pero con una preparación de años. Henry-Marie Beyle, Stendhal, un francés con alma italiana, elabora en torno a la cartuja cisterciense, de la que nada dice hasta la última página, una novela que fue y sigue siendo aclamada por autores tan dispares y grandes como Balzac, Guide, Italo Calvino o Tolstoi. En España le honró la traducción de otro grande, Manuel Machado. Y la escribió para explicar a dos niñas nobles españolas, para que entendieran un poco, qué significó la batalla de Waterloo: Eugenia de Montijo y su hermana Francisca. La primera sería la futura emperatriz francesa del sobrino del mismo Napoleón. Está ambientada en los últimos años de un personaje que acaba de recuperar un dudoso esplendor gracias al cine, con el que estuvo, estupefacto y en perpetuo estado de confusión, en batallas por Europa. Por cierto, un lugar curioso que visitar. Pero lo más curioso es que, sin embargo, sirvió para construir una novela que ya apuntaba maneras realistas en pleno romanticismo de la mano de Fabrizio del Dongo, admirador y seguidor del corso e hilo conductor, de una novela de fondo coral que es, sobre todo, la vida del propio autor, pues todo está en ella: sus recuerdos, viajes, alegrías, decepciones, su agudez psicológica y su mala baba. La novela cuenta las consecuencias de la ocupación napoleónica en una Italia aristocrática en decadencia (un preludio de Lampedusa), rodeada de intrigas cortesanas, venganzas, odios y pasiones cuyo verdadero éxito vino tras la muerte del autor, un pleno a la ironía romántica.

Stendhal tuvo una vida rica en experiencias, con muchos viajes y vivencias, fue honrado por sus congéneres y por la literatura, un hombre original, buen matemático y de alma tan latina, que su epitafio está en italiano. Murió de un infarto cerebral que ya venía precedido y predicho por los parraques estéticos que sintió en Florencia la bella, y que daría lugar a un síndrome homónimo cargado de fuerza y arrobo estético, como no podía ser menos de un verdadero esteta de los sentidos. A Stendhal le aburría el tedio y le ahogaba lo mediocre, así que decidió literaturizar los recuerdos de su vida, y por eso logró escribir una obra de madurez envuelta entre finas telas de un mundo en franca decadencia, un canto de cisne a la evanescencia y a la vida vivida entre amores y aventuras, sin miedos ni tapujos ̶ «pues no existe el ridículo cuando nadie lo nota» ̶ y así reparte la carga e inspira a sus congéneres literarios y nace un Fabrizio más heterónimo de lo que parece, prestándole el genio de su pluma y su arte para darnos la mejor lección de vida que puede dar un libro al que lo lea: la vida se vive en primera persona, dirigiendo la vista hacia la realidad correcta, sabiendo que todas las posibilidades coexisten y que «no debemos construir objeciones con las diversas piezas de nuestra ignorancia».

Al fin y al cabo, todo es cuestión de pasión e impulso. Se resume en arrebato.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.


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