‘Theodora’ Händel pasado por el género ‘Noir’
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
En su segundo estreno de la temporada el Teatro Real acoge su coproducción con la Royal Opera House 'Thedora', un oratorio de Händel estrenado en Londres en 1750 sin demasiada repercusión en su momento, pero que tres siglos más tarde y especialmente a través de sus versiones de concierto ha acabado por convertirse en una de las piezas fundamentales y más exquisitas de la música barroca. Desde la perspectiva del libreto original de Thomas Morell, inspirado en el 'Martirio de Thedora y Didimos' de Robert Boyle, el argumento gravitaba en torno al sacrificio de unas mártires cristianas perseguidas hasta la muerte en la época de Diocleciano.
Lo que esta producción dirigida por Katie Mitchell hace es re-interpretar de forma radical esa historia que ya no transcurre en el siglo IV sino en nuestros días, donde no hay mujeres sacrificadas y obligadas a la sumisión, sino trabajadoras de hoy que lo hacen en la inmensa cocina de un gran establecimiento y sometidas a una tenaza vejatoria e indigna que incluye la violencia de género, la trata y el sometimiento a la prostitución. Frente a mujeres pasivas que se limitan a lamentar su destino por su clandestino cristianismo y el hecho de pertenecer al género femenino aparecen reivindicativas contra quienes las esclavizan y nuevos tiranos que tratan de someterlas a golpe de pistola e impedir su libertad e independencia como seres humanos.
A través de un complejo decorado circular que se desplaza a lo largo del escenario donde se representa esa gran cocina, una cámara frigorífica contigua, un salón aterciopelado en lo que parece la entrada a un prostíbulo con chicas que se exhiben a través del pool y un dormitorio escarlata para consumar el comercio sexual, se genera una historia con todos los resabios posibles del 'filme noir' y referencias cinematográficas constantes, como son las acciones y movimientos escénicos ralentizados a modo de cámara lenta, bajo un envoltorio de gran elegancia formal.
La búsqueda de analogías entre el libreto original de este oratorio hecho para conmover a las almas a través de la exposición de una santa mujer sacrificada y la re-lectura de Mitchell funciona aceptablemente en muchos momentos generando lo que podría ser un libérrimo Händel de quien se mantiene en toda su plenitud la fascinante música y la letra de los cantables, aunque trasciende hacia un contexto teatral totalmente diferente. El resultado es apasionante a veces, conmovedor a ratos especialmente por sus bellísimos coros, funciona bien en ciertos momentos; aunque por lo forzado causa cierta perplejidad en otros, como el del solemne bautizo que en este caso se realiza en la enorme cocina y con una gran sopera o recipiente en lugar de pila bautismal.
La apuesta de esta 'Theodora' es arriesgada: hacer un espectáculo teatral de gran contemporaneidad temática utilizando en su integridad una de las más bellas partituras del barroco, de una sensibilidad lírica que raya en el éxtasis formal especialmente en los grandes momentos corales donde brilla la formación del Teatro Real dirigida por Jose Luis Basso. El trabajo del Coro es brillante, lo mismo que el de Ivor Bolton al frente de la dirección musical, insustituible en las producciones con partituras de esa época. Bolton no solo es un maestro en esta especialidad, y como se le ha visto en otras ocasiones en el Real un gran instrumentista sino un músico que disfruta plenamente del esplendor del Barroco; en este caso bajo un envoltorio de gran radicalidad formal y un enfoque novedoso respecto a la lectura sobre un oratorio de estas características convertido en una reivindicación de mujeres que no se resignan.
Desde la perspectiva vocal hay contrastes. Están muy bien los tres protagonistas: 'Theodora' (Julia Bullock), la 'mezo' Joyce Di Donato ('Irene'), y el contratenor Iestyn Davies ('Didimo') que como todos los que aparecen sobre el escenario de la producción no solo tienen que mostrar sus condiciones vocales sino prestarse a un atroz juego escénico que incluye un gran esfuerzo desde la perspectiva actoral. A otro nivel el tenor Ed Lyon ('Septimio'), el bajo Callum Thorpe ('Valens') o el tenor Thando Mjandana (mensajero convertido en este caso en una especie de encargado de la cocina).
Como ya ocurrió en su clamoroso estreno en Londres esta nueva forma de aprovechar la incontestable música de Händell suscitará muchos comentarios entre nosotros. En todo caso lo importante es que un teatro de ópera que esté en la primera división tiene que alternar las visiones teatrales más respetuosas con las transgresoras, porque de ese juego depende la supervivencia del género a través de una constante reinvención.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
La Redacción recomienda
- ‘La casa del dragón’: cuatro mujeres reales que inspiraron la serie
- Pamplona volverá a ser capital del cortometraje con la 8ª edición del Navarra International Film Festival del 7 al 11 de septiembre
- Más de 200.000 jóvenes nacidos en 2008 ya han solicitado el Bono Cultural Joven 2026 en su primer mes de vigencia
- El Festival de Teatro de Olite alcanza el ecuador de su 27.ª edición con teatro, circo y creación comunitaria
- Julian Barnes, el escritor que lleva décadas reflexionando sobre la vejez y la muerte