La fuente de la edad
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«El dolor es siempre más generoso que la dicha —corroboró Paco Bodes—,
perdura y se reparte con mucha mayor prodigalidad».
La fuente de la edad, 1986, Luis Mateo Díez
Quizá sea el lugar y sus paisajes castellanos de nacimiento, quizá el gusto por la prosa brillante y certera, el caso es que Mateo Díez es uno de los escritores vivos más espectaculares que tenemos. Con esta novela logró el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura y tiene película de 1991 de Sánchez Valdés, aunque solo sea uno de los ejemplos de la magnífica prosa de un brillante cuentacuentos, un fabulador de lo onírico que saca al lector de su día a día, precisamente desde lo cotidiano, mediante voces narrativas que acompañan a una cofradía irreverente más propia de antiguas tabernas perdularias en busca de una fuente medicinal, cuyo periplo se convierte asimismo en fuente de aventuras donjuanescas y desastres varios, con personajes variopintos (incluso uno que habla en verso), muy en la línea de los goliardos medievales, cuyas vidas y expectativas se funden y mezclan, concediendo a la novela un aire ejemplarizantemente quijotesco en su prosa barroca y sus situaciones chuscas. Dividida en tres partes circulares, pues retorna al punto de partida, trata de un grupo de amigos rurales aficionados al bebercio, al esoterismo y a las elucubraciones pedantemente eruditas que deciden adentrarse por la comarca leonesa de los montes de Omañona para buscar la fuente de la eterna juventud siguiendo el antiguo diario de un presbítero. En realidad, lo que pretenden es huir de su monotonía, sus problemas cotidianos y su aburrimiento, y esta excursión es perfecta para crear el espacio boscoso de entrada al mundo onírico, a lo umbroso y naturalmente difuso y difuminado que está rodeado de misterios por descubrir, de un folclore que recordar y de personajes que dan pinceladas de saberes ancestrales siguiendo el ideario del locus amoenus, pero cuya vida en soledad y montería son llevados al paroxismo con sus consejas, sabiduría popular, refranes y manejo de plantas curativas, amén de historias populares sobre seres mitológicos del acervo popular, que no pueden sino dar rienda a sus elucubraciones con un lenguaje engolado, cómico, algo filosófico y pseudoculto, herencia de un Arciprés de Hita, un Fernando de Rojas, un Garcilaso o un Rabelais leoneses. Aquí, como dice un cofrade todo es metáfora. Y toda metáfora es una fuente de ingenio, aunque provenga de las francachelas y el vitalismo fabulador de los habitantes de un micromundo propio con señas y formas seculares de vivir, y también a pesar de que todo resulte ser una amarga burla de otra cofradía enemistada ⎼pero que les quiten lo bailado.
El autor, sabio, busca «contar para encantar». Quizá sea esto la mayor gracia y hazaña en el bosque enmarañado de la crónica actual, donde la costumbre es relatar para engañar.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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