Tartufo bajo la égida del (rey) Sol
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Tartufo conoce a quien engaña, aprovechase ofuscándose con cien apariencias y con su hipocresía le saca sumas a toda hora, adquiriendo además el derecho de censurarnos a todos»
Tartufo o el impostor, 1664, Molière
Tartufo es el espejo sobre el cual no quiere mirarse la corte que rodea y adula al rey Luis XIV. Pero nobleza obliga y Molière sabe mucho de embustes y engaños, por eso sortea amenazas y prohibiciones de una manera que debería enseñarse a todo dramaturgo en potencia. Bueno, en realidad a todo comediante de la vida.
Tartufo, o trufa en su traducción del italiano, es lo contrario de esta rara fruta: bonito por fuera y podrido por dentro. Llega a categoría de antihéroe que hoy es sinónimo de hipócrita. Y si no, mírese el diccionario. Orgón, que dará curiosamente nombre a un compuesto de cuarzo y metales de resina muy utilizados en terapias naturales, es el prototipo de burgués asustadizo y tiranuelo, perfecto pelele y señuelo para servir en bandeja la sátira burlesca del gran comediante y autor…cansado de que le censuraran su obra.
Este es el motivo por el cual desviará la atención de su crítica real hacia la figura del jeta de Tartufo, pero si rascamos un poquito más, admiraremos la labor de tapicería (literaria) que ejecuta Molière, profesión que vio ejercer a su padre. A Tartufo se lo quisieron cargar los poderes fácticos, ya tan influyentes y enfaduños como ahora, con esa piel tan fina ante obras de corte de comedia crítica que desenmascara y los deja como al emperador y su traje de Adán. Parece que la risa y la sonrisa no escondieron bien el aguijón y cualquier alusión fue inmediatamente acallada. Nosotros, que vivimos en una sociedad en la que todo irrita o engorda, también lo sufrimos y experimentamos. Huelga decir lo bien que funcionan las amenazas veladas, o no tanto, los amagos de denuncias y los ataques de escandalizados por estupideces varias. Con tal de desviar la atención hacia otro lado, si hay que poner el grito en el cielo pues se pone, que total, estamos a un clic de pasar página y devorar la siguiente. Candidatos a tartufos hay un rato, lo difícil será saber a cuál de ellos coronar como astro rey.
Tartufo va de controladores consentidores, de pánfilos asustadizos, de listos buscavidas y de la manía de meterle miedo a la gente a base de espantarla con el único fin de poder campar con absoluta impunidad por sus respetos, bien aprendida la lección, eso sí, pues sabido es que «quien peca en silencio, no peca, es el escándalo lo que vuelve pecaminosa a la acción». Ante esta sentencia a nadie le asombrará la validez de esta obra de teatro y de que, a día de hoy, se siga representando con éxito, aun estando en algo tan demodé como es el verso y hayan pasado cuatro siglos.
Si no tienes tiempo de acercarte a verla, basta con enchufar la caja tonta para que te (a)salten unos cuantos tartufos animosos que, con beatífica santurronería, te la están clavando. Pero ya se sabe: es por tu bien.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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