Cuando el ridículo no se queda en casa
En mis cuarenta años de política activa, en instituciones (concejal, alcalde, diputado) procuré seguir el principio, establecido por el Presidente Terradellas, de evitar “hacer el ridículo”, porque es uno de los peores defectos, para un político. También, seguí otro principio: el de “un juramento es para cumplirlo, en todo momento y lugar”, y finalmente el de la honradez a toda prueba, y no mentir nunca.
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