La servidumbre voluntaria en el neo-esclavismo de una volátil precariedad laboral
“La primera causa de la servidumbre voluntaria es la costumbre”
(Etienne de La Boetie)
- Publicado en Opinión
“La primera causa de la servidumbre voluntaria es la costumbre”
(Etienne de La Boetie)
“Que ningún ciudadano sea tan opulento como para poder comprar a otro,
ni cualquiera tan pobre como para verse forzado a venderse”
(Rousseau, Del contrato social)
“La vida nos enseña a ser menos rigurosos con los demás y con nosotros mismos”
(Goethe)
Ulises u Odiseo es prácticamente sinónimo de astucia. Troya no hubiera caído sin la estratagema del famoso caballo donde se ocultaron los mejores guerreros griegos, quienes lograron traspasar unas murallas infranqueables gracias al concurso del engañado pueblo troyano, que consideraron al colosal equino de madera como un presente dejado por el enemigo al partir. Su sagacidad es legendaria y sólo Néstor logra homologarse alguna que otra vez en la Iliada. Su proverbial astucia es el hilo conductor de la Odisea. Los ardides de Ulises logran hacerle superar las peores adversidades, que ningún otro hubiera sabido sortear.
“Ningún viento es favorable, si no sabe dónde va” (Séneca)
Tendemos a olvidar la barbarie, porque sería masoquista hacer lo contrario. Pero la memoria histórica es imprescindible para preservarnos de cometer los mismos errores, recordándoselos a quienes los padecieron y mostrándoselos a los que tuvieron a fortuna de no conocerlos. Pensemos en el Museo de la Memoria Histórica y los Derechos Humanos, donde los chilenos y cualquiera que lo visite puede familiarizarse con los horrores de la dictadura pinochetista. Berlín tiene muchos lugares que rememoran los crímenes contra la humanidad perpetrados por el nazismo. Los alemanes no comprenden cómo se puede mantener al día de hoy una Fundación en honor del dictador fascista que provocó una Guerra Civil con un golpe militar y se hizo con el poder gracias al apoyo armamentístico de Hitler. Nos falta la cultura de ajustar cuentas con el pasado, no para flagelarse, sino para tomar nota de unos desmanes que no debieran repetirse.
El número tres atraviesa toda nuestra cultura. Para los pitagóricos la triada nace al sumar unidad y pareja (1+2=3), por lo que, al combinar unidad y pluralidad, supone un símbolo de armonía universal. En el cristianismo la Santísima Trinidad hace de Dios uno y trino al mismo tiempo, una triple dimensión que recorre todos los recovecos de nuestra historia simbólica. Los mosqueteros de Dumas eran tres y se preciaban de ser una para todos. En el juicio de Paris las diosas que aspiran a ser la más bella son también tres. Contra su planteamiento inicial Kant acaba escribiendo tres Críticas para dar cuenta de nuestras tres facultades relativas al conocer, el sentir placer o displacer y la del desear. Nuestro entendimiento, juicio y voluntad buscan respectivamente comprender la naturaleza, enjuiciar el arte y actuar con una libre autonomía. Platón habla de una triada paralela compuesta por la verdad, lo bello y lo bueno.
Desear el mal a otro es odiarles. El odio es una de las pasiones humanas más antipáticas y aborrecibles por sus consecuencias. Es abominable la violencia que suscita para con los demás y tampoco sale muy bien parado quien se deja devorar por el odio. Su focalización es tan extrema que logra eclipsar cualquier otro sentimiento y asfixia todo atisbo de dicha. Nada importa cuando nos ciega el odio. Sólo cuenta imaginar venganzas y represalias cuya magnitud suele resultar muy desproporcionada en relación con su presunto detonante. Como cualquier otra obsesión se agiganta hasta sepultarlo todo. Con esta clave interpretativa de las contrariedades todos perdemos y nadie gana. Sólo hay víctimas, aunque una de las partes bien pudiera desactivar la espoleta del mecanismo, en lugar de atizar las brasas para seguir avivando el fuego que nos abrasa por dentro y acabará quemando de uno u otro modo al adversario.
Viajar era un placer para quien podía permitírselo. Incluso era considerado como algo muy relevante para la educación cultural y sentimental de los más jóvenes, aunque también fuera una experiencia crucial para cualquiera, como testimonia el relato autobiográfico de Goethe Viaje a Italia. Estos viajes duraban meses o años en función de los lugares visitados. Había que tomar transportes lentos y frecuentar alojamientos escasamente confortables. Pero merecía la pena y marcaba un hito en la vida de los viajeros.
El vocablo fanático deriva del término latino “fanum” (santuario) y en principio un “fanaticus” era quien custodiaba un templo. En el mundo romano imperaba un sincretismo religioso y se adoptaban los dioses ajenos, como muestra su adaptación del Olimpo griego con su nómina de divinidades grecorromanas. Eso les permitía profesar varios cultos a la vez o sucesivamente. Pero algunos pretendieron ganar puntos con una dedicación exclusiva y ese celo fue designado con una renovada acepción del término “fanaticus”, que ahora recogía por añadidura el significado de fanós o iluminado griego.
En el griego clásico encontramos la distinción entre opinión (doxa), conocimiento (episteme) y técnica (tekne). Las reglas técnicas responden a un proceso muy pautado y en principio no son problemáticas, porque dan lugar a mecanismos que funcionan o pueden ser suplidos por otros más eficientes. El conocimiento debe ajustarse a hechos comprobados en la continua búsqueda de certezas provisionales que puedan verse mejoradas por los avances técnicos o hipótesis más coherentes. La opinión expresa un parecer que debiera ser incompatible con planteamientos dogmáticos inmutables al no contar con un aval solvente, incluso cuando se trate de una opinión muy compartida y generalizada.
Trump considera imposible que hayan registrado su imponente mansión sin recibir instrucciones por parte de La Casa Blanca, porque no cree para nada en la separación de poderes. En realidad es un consumado anarquista que reniega del Estado y sus instituciones, cualesquiera que sean estas. Por eso nunca ha pagado impuestos aunque no rehuye las regalías que puedan ofrecerle con recursos públicos. Además logra recaudar fondos de sus devotos admiradores, inasequibles al desaliento y que defienden a su adalid aunque aliente un asalto al Capitolio.
"Sólo hay dos fuerzas en el mundo, la espada y el espíritu.
A la larga, la espada siempre será conquistada por el espíritu"
(Napoleón Bonaparte)
Resulta instructivo visitar Dessau para ver las casas que se construyeron los líderes del movimiento arquitectónico Bauhaus. También hay un museo, pero es aún más interesante ver cómo concebían los espacios domésticos. Fueron los adalides del funcionalismo. Fieles a la divisa de Menos es Más no apreciaban las fachadas recargadas ni los ornamentos inútiles. En realidad su impronta queda en las viviendas que se fueron haciendo después. Había una cocina y un cuarto de baño, cosa inusitada para el hábitat de los trabajadores, e incluso una pequeña terraza. La extensión dependía de cuántos moradores lo habitarían, salvo, claro está, que se tratará de las ocupadas por los propios arquitectos.
¿SUICIDIO ASISTIDO?
Cuando te atenazan los dolores o la congoja muchas veces dan ganas de partir para siempre y rehuir así el sufrimiento mental o físico. Hay dolencias con fecha de caducidad que nos permiten afrontarlas con cierto donaire. Los dolores que se cronifican, sin embargo, requieren verse paliados eficazmente para poder convivir con ellos. En el trance de una enfermedad grave que se revela irreversible y merma nuestras condiciones de vida, resulta muy útil dejar un testamento vital, para despejar las dudas de los médicos y facilitar las decisiones de los allegados. Llegado el momento, más vale limitarse a los cuidados paliativos y no prolongar un aliento agónico que hace sufrir gratuitamente tanto al paciente como a su entorno.
Al abrir El Pais veo un artículo titulado “Kant prohibiría la prostitución”. El ser humano constituye un fin para sí mismo, por tener conciencia, y ninguna persona puede ser por tanto medio para otras, reza el resumen. Esto puede suscitarnos varias reflexiones que pueden comenzar por alguna matización de un estudioso del pensamiento kantiano, cuya obra práctica ha traducido profusamente al español. En realidad todos nos instrumentalízanos mutuamente unos a otros y cada cual no deja de hacer otro tanto consigo mismo. Por eso Kant se conforma con que inténtenos no utilizar a los demás, ni tampoco a nosotros mismos, tan sólo como un simple medio, sin considerarlo al mismo tiempo un fin en sí. Para este intento es útil lo que Javier Muguerza denominó imperativo de la disidencia. Siempre podemos negarnos a secundar algo que consideremos injusto y por ende resulte lesivo para nuestros congéneres.
Alberto Feijó se ceba con la sentencia donde se ven involucrados Griñan y Chaves. Ojalá tuviera esa sensibilidad por los dictámenes judiciales que afectan a su propio partido. Tapar las propias vergüenzas con destinos ajenos no parece muy cabal, sobre todo si las tuyas ganan por goleada. Los audios del comisario Villarejo son bochornosos y afectan a miembros del gobierno de su partido. Despidos en diferido, machacar discos duros o pretender incautar los archivos del antiguos tesorero no parecen cosas muy ejemplares.
Es muy socorrido, para no declararse ateo, como si esto fuera un pecado inconfesable, decir que tanto como creer en Dios, pues no. Y menos aún asistir a las liturgias eucarísticas y demás. Lejos quedan aquellos tiempos de rezar el rosario en familia e ir a la iglesia cada dos por tres en fechas muy señaladas que tanto abundaban y que ahora sirven para viajar o incentivar aún más el consumismo como fin en sí. Suele añadirse que, pese a todo, debe haber alguna instancia superior para explicar la existencia del mundo.
El Secretario General de la poderosa Unión Soviética refrenda con un beso al indiscutible dirigente germano y líder en la muy comunista República Democrática de Alemania, Eric Honecker, su fraterno respaldo. La imagen se conserva en la East Side Galery. Tras la caída del Muro de Berlín, en 1990 se pintaron las caras del muro que daban a la ciudad confinada por motivos políticos. Franquear esa barrera se considera un delito de alta tradición y muchos murieron por intentar ir al otro lado de su ciudad natal o adoptiva. En 2009 se volvieron a pintar esos murales, pero ya no tenían la frescura inicial propia de un movimiento espontáneo.
Hay creencias que se nos inculcan desde la más tierna infancia. Siempre queda un poco. Aunque luego preténdanos renegar de la Virgen Maria y/o del Pato Donald, sus clichés resuenan en el desván de nuestro archivo icónico particular y del imaginario colectivo. Ese temprano adoctrinamiento no tiene por qué ser necesariamente malo del todo, si luego lógranos acceder a otros bienes culturales y configuramos nuestro modo de ver las cosas desde una óptica plural, que reniegue de los dogmatismos y lo filtre críticamente todo, incluidas las propias convicciones que pueden verse modificadas por nuevos argumentos o un proceso de maduración personal.
Cuenta Rousseau en sus Confesiones que al querer escribir un tratado sobre ética, que pensó titular Moral sensitiva del sabio, quería tener en cuenta todas las circunstancias que nos configuran como seres humanos, incluyendo cosas tales como el clima o la nutrición. Sin embargo, pronto advirtió que todos los caminos le habían arribar siempre al mismo destino: la política. Por eso desechó la mayor parte de sus borradores y conservó lo que daría lugar a su Contrato Social, completándolo con un ensayo educativo: el Emilio.
Voy a mostrar mis cartas. Nieto de un exilado republicano al que conocí en París, voté primero al Partido Comunista y luego al PSOE por aquello del voto útil. Reconozco que Podemos nunca me convenció, máxime tras carearme con un tal Iglesias tras ver juntos en el Zinemaldi Política, un manual de instrucciones. Iñigo Errejón y Mónica García han sido mis últimas papeletas y celebré sobremanera que un ensoberbecido Pablo dejara la política por más de una razón (imagino). A mi me gustaba mucho Rubalcaba y suelo coincidir con Madina. De Sánchez aprecié su gesto de no votar a Rajoy, para luego volver con un apoyo de la militancia del PSOE, que no siguió las consignas de sus dirigentes. A Susana Díaz le salió mal su maquiavélica jugada. Es lo que tiene ponerse a jugar con fuego. Te puedes quemar.
El 6 de Julio se presentó en Berlín el denominado Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad de Colombia. Sorprendía que no se celebrará en el Instituto Iberoamericano, porque a mucho se nos antojaba un marco idóneo para un evento como ese. Pero tuvo lugar en otro lugar muy emblemático, el auditorio Leibniz de la Academia de Ciencias de Brandemburgo, en plano corazón de la capital alemana. Bien mirado un pensador como Leibniz, quien meditó sobre la resolución de los conflictos y creía que una Característica universal podría dirimirlos al neutralizar las tergiversaciones de los malentendidos, no dejaba de ser una referencia ideal para presidir simbólicamente la sesión.
“No hay que esperar que los reyes filosofen o los filósofos devengan reyes, pero tampoco hay que desearlo, porque la posesión del poder daña inexorablemente el libre juicio de la razón” (Immanuel Kant, Hacia la paz perpetua)
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