El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia
Las buenas películas cumplen muchas funciones: entretienen, hacen pensar y suelen dejar tras de sí el gusanillo de volver a verlas. Pero hay un paso más. Cuando una película, además de estar bien contada, despliega varias capas de sentido que admiten lecturas diversas deja de ser simplemente una buena película para convertirse en una obra de arte. Eso es, ni más ni menos, lo que ocurre con Marty Supreme.
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