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Una ‘Verbena de la Paloma’ con sabor a musical


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Tantas veces se han asociado al madrileñismo estereotipado las puestas en escena de 'La verbena de La Paloma', sin ninguna duda el título más representado de la historia del género desde su estreno en el Teatro Apolo a finales del XIX hasta el día de hoy, que esta nueva producción aparece como algo renovador sin dejar de responder a sus orígenes. La composición de Tomás Bretón bebía de las corrientes musicales de su época, incluida la opereta, la habanera y la mazurka, con una aproximación hacia lo popular que en aquel tiempo se escuchaba en la calle: chotis, seguidillas, soleares...Y en cuanto a su libreto la referencia era el sainete costumbrista de la mano de Ricardo de la Vega.

'La verbena...' se ha seguido haciendo a lo largo de casi un siglo y tres décadas; incluso es muy posible que coincidan otras ofertas de este mismo título en las carteleras aprovechando San Isidro y las fiestas en las que se desempolvan o alquilan los típicos disfraces de chulos y madrileñas, en representaciones en los que los acentos castizos se sobreactúan hasta el delirio o la pura impostación. Junto a los personajes tan conocidos de esta obra: la Casta, la Susana, Julián, la 'señá Rita', el tabernero, los policías y los serenos...O el inefable 'Don Hilarión', repitiendo el personaje del 'viejo chocho', un anciano que babea por unas muchachas que se ríen de él después de dejarse convidar por el boticario. Hasta aquí el estereotipo. Lo que viene a continuación es un 'punto y aparte' como ofrece el Teatro de La Zarzuela en esta producción más que inspirada, compuesta de un 'programa doble'.

En una primera parte un prólogo totalmente nuevo sobre texto de Álvaro Tato (Ron Lalá) en el que se sitúa una acción teatral en 1929 cuando se cierra el Teatro Apolo para levantar en su solar el Banco de Vizcaya (hoy una dependencia administrativa en la calle de Alcalá). Pero en lugar del nostálgico concierto de plañideras sobre el viejo Madrid, el ocaso de la zarzuela y el final de una forma de representar el teatro musical, con funciones de madrugada, la directora escénica y coreógrafa Nuria Castejón hace algo totalmente diferente: lleva ese prólogo 'Adiós, Apolo' y la propia 'Verbena' al terreno del musical puro y duro, sin los latiguillos teatrales tantas veces vistos y a fuerza de repetirse en riesgo de ser devorados por el topicazo o la polilla.

El trabajo de cantantes-actores-bailarines es cruzado, y la dinámica de la producción absoluta, evitando lo que tantas veces ha ahogado al género: una teatralización de cartón-piedra. En las últimas décadas se han hecho 'Verbenas de La Paloma' distorsionadas, incluso 'sin verbena' como la que el mismo Teatro de La Zarzuela hizo en 2019 dentro del Proyecto Zarza de la mano del argentino Pablo Mesiez. En esta ocasión Nuria Castejón es respetuosa con el contexto de la obra pero da la espalda a los estereotipos.

Ni la Casta ni la Susana visten apretados trajes largos de madrileña, sino un diseño de vestuario muy elegante más propio de principios de los años 30 que de finales del XIX, donde emerge el colorido de los mantones, dentro de un muy logrado diseño de vestuario de Gabriela Salaverri. En un espacio escénico de belleza estética y funcionalidad, donde hay un escenógrafo (Nicolás Boni) que ha sabido interpretar la idea básica: respeto al contexto con idealización plástica y elegancia formal. La iluminación (Albert Faura) acertada (pensar en el número flamenco con luces que remiten a los ambientes sensuales y mórbidos de los cuadros de Romero de Torres).

Ese desplazamiento del viejo sainete musical estático de 'voces plantadas' en el escenario y vestuario de casa de alquiler de disfraces hacia los dominios del puro musical relee a los personajes de una obra mil veces vista y que ahora parece nueva. Para empezar el personaje de 'Don Hilarión' a años-luz del vejete con bastón de voz quejumbrosa y vacilante: en este caso es un seductor galán maduro (excelente Antoni Comas) no solo como voz sino como actor, que se permite bailar con agilidad y hacer paralelas en el suelo (nada que ver con Miguel Ligero en las dos versiones para el cine de 1935 y 1963), en un juego dialéctico fenomenal con su antagonista algo más joven pero no tanto, un 'Julián' que hace plenamente suyo el barítono Borja Quiza cuya seguridad en escena es notoria en cualquier personaje que hace en opera o zarzuela. Es un placer escuchar como Comas entona las estrofas cantables evitando el tono falsete viejuno, y la dimensión que los dos personajes masculinos tienen en esta versión.

De la misma manera que lo hace Rafa Castejón como el 'tabernero' o las características 'señá Rita' (Milagros Martín) y la 'Tía Antonia' (Garutze Beita). En consecuencia los personajes de 'Casta' (Ana San Martin) y 'Susana' (Carmen Romeu) están correctas, pero no son el centro de la función, sino los dos singulares antagonistas masculinos. Todos o casi todos bailan porque lo coreográfico tiene mucho que decir en esta producción, que en cierta medida 're-inventa' 'La verbena...' desde una perspectiva de musical cantado y bailado sin dejar de ser una zarzuela. Ver esos camareros-bailarines de musical es todo un gozo.

El trabajo de Jose Miguel Pérez Sierra, director de la orquesta ofrece una lectura llena de ímpetu y de sonoridad festiva a una partitura muy conocida, hay momentos en los que tanto en su nuevo prólogo con varios cortes de otras obras como en el clásico de Bretón suena renovado y para bien, respetando la instrumentación original. Mucho que anotar de esta producción que merece tener difusión en otros teatros y no solo de España, empezando por Sierra y Nuria Castejón, que dos años atrás demostró lo que se podía hacer con 'El sobre verde' convirtiéndola en casi un musical de Broadway.

Se puede decir de esta 'verbena' que es un soplo de elegancia y aire fresco en la cartelera, poniendo en evidencia las posibilidades del repertorio español más clásico cuando se relee al hilo de nuestra época sin caer en distorsiones artificiales o en disparates.

 

Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.


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