Palmyra en su quinta
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
—Eres una hiperestésica... En Portugal, todas sois hiperestésicas.
—Si no se es hiperestésico, no vale vivir... Comprendo que no se debe tomar
ninguna droga para fomentar la hiperestesia, pero si se es lealmente no hay
por qué dejarlo de ser.
La quinta de Palmyra, 1923, Ramón Gómez de la Serna
Todo sucede en una quinta, esas antiguas casitas-chalet o palacetes de principios del pasado siglo, rodeadas de verjas que esconden preciosos jardines a su entrada. Este es el entorno donde vive la protagonista: Palmira Talares. Considerada la novela más vanguardista (es preciosa) del autor, en la que la mujer-adorno despierta a base de decepciones y encontronazos entre su mundo interior y el exterior y se convierte en un personaje filigrana, dúctil, inteligente y exquisito a través del lenguaje igualmente brillante y poliédrico del autor. El simbolismo vanguardista es el encaje que teje la novela en una España finisecular que todavía no ha encontrado del todo las agujas del encaje. Estamos en el momento cultural de los “ismos” que engloban todas las tendencias del vanguardismo y, por lo tanto, de una nueva concepción de las artes a través de la fragmentación de las formas para una nueva mirada del fondo, algo que en esta obra se aproxima mucho al decadentismo. Por eso la quinta está cerca del mar en un entorno rural contiguo a Lisboa que tanto recuerda a otra alquilada por el autor en Estoril. De los recuerdos y vivencias sale esta hija melancólica e inteligente asociada el vasto mar, pero varada y envuelta en un fino chal de nostalgias y aristocracia desde donde contemplar la agitación de la existencia moderna. Estos elementos vanguardistas propios de la industrialización son contactos reales pero efímeros para Palmyra, porque ella tiene verdadera vida propia e interior. Por ella pasarán amantes varios que no dejarán huella, pues la perennidad está entre los objetos finos y casi arcaicos del entorno, la naturaleza envolvente y la propia arquitectura de la quinta, actuando como una fortaleza protectora sin ser antagonista declarada de lo que sucede en el mundo exterior. Se trata de la clausura refinada de una mujer imperturbable que es consciente de quién y qué es. Y así se puede contemplar el erotismo que rezuma esta novela en la forma esteticista de una mujer sensual y generosa, ociosa e indolente, que no se dejará apartar de un mundo que ha tejido a su imagen y semejanza. Quizá por eso sus amantes masculinos no cuajan y su preciosismo estético solo pueda llenarlo otra mujer, Lucinda. Quizá no podría ser de otro modo en Palmyra la bohemia, la aristócrata de los sentidos, la greguería y el arte hecho mujer. También es el arte del propio Gómez de la Serna, llevando a su protagonista a contemplar, en una sinfonía coral, el mundo desde arriba, desde su torre de marfil, un lugar al que dedicó un ensayo tan crítico como mordaz, al tiempo que reflexivo, porque la existencia es impresionista y por ello, en palabras del autor:
«O se complica la vida, se la llena de entusiasmo, de nuevas curiosidades, de nueva poesía o los homicidas podrán sobreponerse a los pacíficos».
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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