Las tribulaciones del estudiante Törless
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Pues los pensamientos son algo muy curioso. A menudo no resultan más que casualidades
que desaparecen sin dejar huellas, los pensamientos tienen sus
tiempos muertos y sus tiempos vivos»
Las tribulaciones del estudiante Törless, 1906, Robert Musil
La traducción del título alemán me plantea algunas interrogantes porque Verwirrungen significa confusiones, perplejidades, desorientaciones, más que tribulaciones y estudiante es demasiado general, al tratarse en realidad de un cadete en una institución militar (patente también en la película El joven Törless de Schlöndorff). Törless está más confundido y desorientado que atribulado, pues a pesar de su juventud tiene un marcado carácter y una inteligencia cargada de reflexiones y cuestionamientos trascendentes que nos hacen pensar en un joven que sabe plantearse grandes cuestiones vitales desde el punto de vista y las vivencias de un grupo de amigos cadetes cuyo respeto y amistad, y la falta de ellos, subyace en todos los episodios de esta novela de formación por la que transitan los lazos de camaradería, los de servidumbre encubierta, el sexo mal conocido y entendido, los estamentos sociales y la crueldad con la que es tratado el más débil del grupo, Basini, el más pobre e indefenso dentro de un estamento militar y burgués, cuyo robo de algunas monedas le convertirá en el chivo expiatorio a purificar por el dolor, las humillaciones y las perversiones. Y aquí el privilegiado Törless resulta ser el peor de todos, porque culpabiliza a la propia víctima de los deseos que siente por ella y, por ende, el derecho a seguir cebándose en Basini. La psicopatía se convierte en el argumento para justificar la perversión y el sadismo. La amistad entre ellos deriva en maldad pura y dura, aunque Musil les haya dejado libres para escoger su catadura moral. La falta de responsabilidad de los actos de estos cadetes se deriva de sus propias ideas sobre la sociedad, los derechos adquiridos y la necesidad de castigar a alguien más frágil por sus propios pecados, entre ellos, el espinoso tema de la homosexualidad en una época y un estamento social tan cerrado y rígido como el militar que no perdona “desvíos”. En puridad, lo que subyace a través de toda la novela es la justificación. La justificación de actos malvados, de faltas cometidas, de mentiras retorcidas para que parezcan verdades asumibles para todos, porque existe la necesidad de negar la mayor, no tanto por inasumible sino por la eterna cuestión de lavar la conciencia. Y este es un acto tremendamente peligroso que continuamente perpetran los que deberían protegernos. Así, la mentira y la crueldad pasan a ser causas de fuerza mayor y todo pecado queda borrado, cuando en realidad los renglones torcidos no se enderezan y hacen que las mentiras proclamadas mil veces terminen por abonar el campo de verdades adquiridas. Pura propaganda que ya conocemos pero que seguimos consumiendo y aceptando para que los malos sigan estando arriba y los buenos sometidos, haciéndonos pagar sus tremendas patochadas. Al final, somos carne de cañón de una élite guerrera que nunca irá la guerra, ¿verdad?
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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