Justina, mi pícara
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«[…] en mi misma opinión crecí; crecieron mis humos, mis desdenes, mis pensamientos, y aun pongo en duda si creció mi alma, según vi en mi universal mudanza. Ya yo era dama»
Libro de entretenimiento de la pícara Justina, 1605, Francisco López de Úbeda
Esta novela me gusta por varias cosas, pero sobre todo por darle voz y protagonismo en el s. XVII a una mujer. Y es esta una Justina mejor que la de Sade, donde va a parar, bastante menos lela y sumisa, mujer de rompe y rasga, pícara de manual, como no podía ser más en esta tierra de buscones y lazarillos a cascoporro. Y me encanta porque aún adornándola de moralina, el autor encuentra la licencia para decir lo que quiere; más aún, de ponerlo en boca de mujer libérrima y sandunguera, de esas que hemos olvidado y que ya abanderaron la paridad sin estridencias, una de las que nos abrieron camino en la vida mucho antes de que estableciéramos y encorsetáramos el canon de la lucha por la igualdad. Nada nuevo bajo el viejo mundo, pues larga es la ristra de burlonas, recordemos a las mujeres de las Novelas de Cervantes, otro disfrutón, o aquella con nombre de torera La niña de los embustes, Teresa de Manzanares (1632). Tronío puro.
Justina la leonesa es descocada, de manga ancha y amplia saya, tan ancha como Castilla y tan generosa que en ella levantan su carpa el pleonástico don Perogrullo, hombres varios, andanzas, chiflas, risas, embauques y matrimonio ̶ con Guzmán de Alfarache, ni más ni menos, otro prenda de la literatura picaresca.
Pero no todo iba a ser un paseíto por el lumpen, hay que tener cierta cultura y gusto por lo barroco para abrir las páginas y recorrer su vida contada con un léxico a veces abigarrado a veces amontonado; pero merece la pena, pues la recompensa es zambullirse en una lectura divertida e irreverente de una vida (ejem) poco recomendable. En el fondo es madre-modelo de otras que hoy copan los mas media a la hora de máxima audiencia… Ironías de la vida, si Justina viviera hoy sería la estrella de la cadena que todos sabemos. Les daría generosamente toda la carnaza que apetecen y buscan.
Justina me gusta, es «una pícara, una libre, una pieza suelta». Hoy diríamos un verso libre en un mundo de estrofas vanas. Es una contadora de cuentos, una bufona que suelta verdades como puños embozada en la capa de la risa y de la burla. A Justina no le interesa redimirse como a Lázaro, ni pedir perdón, no lo necesita en su libertad. Lo que a ella le gusta es contar historias sin censura. Y por eso estoy segura de que a esta irreverente hoy la expulsarían de cualquier asociación femenina por rebelde y gatusona, que diría Valle-Inclán. Mujer sin complejos, nos supera a las del s. XXI con maestría cañí.
Justina no tiene dueño. Justina no se rinde ante nadie. Justina es divertida y marginal. Se vive la vida a tragos de vino barato en la jarra de barro, (¿material del que estamos hechos?), se ahueca la saya y te birla la guita, pero a cambio te cuenta su mejor historia con su mejor sonrisa. ¿Qué más puedes pedir?
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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