La dama de las camelias, Violetta Valery o Alphonsine mon amour
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Para la mujer a quien la educación no ha enseñado bien, Dios abre casi siempre dos senderos que la llevan de regreso y que son el dolor y el amor»
La dama de las camelias, 1848, Alejandro Dumas (hijo)
Margarita Gautier es una famosa cortesana parisina amante de Armando Duval (alter ego de A. D.) por el que lo deja todo y al que abnegadamente abandona a instancias del padre de su amado para no arruinarle el futuro… con apenas 24 años, la descarriada (traviata en italiano) muere de tisis, la enfermedad más romántica del s. XIX, y se convierte en leyenda. Es la vida novelada de Alphonsine Plesiss (nombre artístico de salón: Marie Duplessis, posterior condesa de Perregaux) elevada a la categoría de mito.
La dama de las camelias es una cortesana, vulgo prostituta, lo que hoy finamente denominamos señorita de compañía (o scort, con pátina cosmopolita), así llamada por su costumbre de aparecer en público con un ramito de camelias blancas ̶ si no hubiera, rojas ̶ unos binoculares para eso del cotilleo y unos bombones, que en esa época se llevaba estar entradita en carnes. La historia va mucho más allá del amor entre la virtud y el vicio, el derroche y la frivolidad de una rompecorazones, pues también conlleva la crítica a una sociedad que explota la condición de mujeres jóvenes y guapas salidas de la miseria, una combinación mortal que, a poco que estén espabiladas, las aúpa al trono de la cortesanía de lujo. En esa época, los hombres pagaban abiertamente los costosos caprichos de sus queridas, las cuales, por otro lado, acostumbraban a tener varios pagafantas a la puerta por si acaso.
Hoy en día poco ha cambiado, se siguen poniendo pisos.
Lo que sí ha cambiado es que las damas de las camelias del siglo veintiuno se pasean en público por las televisiones y la prensa de todo el mundo aireando unos amores pretendidamente secretos porque dicen no sentirse seguras ni en su vida ni en su bolsillo, o porque quieren ser definitivamente famosas y, aduciendo un prurito de verdad, ansían desenmascarar a aquellos que las niegan. Así, la honorabilidad de su palabra se pone, previo talonario, en la balanza de polígrafos escabrosos que propician el salto a la popularidad a buen precio. Cuántos platós no se están llenando de traviatas atontadas que consideran un honor ventilar a los cuatro vientos sus idas y venidas con galanes de poco pelo. Si Margarita levantara la cabeza la volvería a esconder en su ramito de camelias muerta de vergüenza. La misma que me da a mí cuando intento defender la igualdad de la mujer y veo cómo algunas siguen utilizando armas arteras para sacar partido de su género arrastrándose al fango, jaleadas por los mismos que hablan de feminismo en las televisiones. El culmen del descaro y de la ley del embudo. Flaco favor nos hacen a la libertad de las mujeres. Prefiero mil veces una Margarita a cualquiera de estas arribistas que enarbolan la bandera del derecho al honor para cargarse el de otros. Por mucho menos, a mí me obligan a firmar un contrato de confidencialidad. Ahí lo dejo.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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