Pandemia y ‘tablets’: la fatídica combinación que ha disparado la obesidad infantil
- Escrito por Daniel Leguina
- Publicado en Sanitem
- Albert Lecube (SEEDO) aclara que los juegos on-line y las redes sociales están “relacionados con el aumento de peso en infancia y adolescencia”, y la “globalización y la comida rápida” están “aislando” a la dieta mediterránea y “fomentando el sedentarismo
- El desarrollo temprano de enfermedades como diabetes tipo 2, problemas respiratorios, colesterol, alta presión arterial, dolores articulares, patologías hepáticas o problemas circulatorios están vinculados al sobrepeso en niños y jóvenes
- Jesús Javier Díaz (ASEPO): “Ya en papillas y leches de crecimiento el índice de azúcar es altísimo, lo que induce al problema posterior. Hay más población obesa, adicta a los azúcares, que desnutrida: nadie quiere un brócoli hervido, pero sí un trozo de pizza”
- Rosaura Leis (AEP) afirma que es un “problema complejo” que nace en las “sociedades desarrolladas”, y hay que proteger a los niños frente a la “publicidad engañosa” y fomentar la “actividad física” y el “buen uso” de las pantallas
La obesidad infantil y juvenil es una plaga que avanza lentamente, pero sin freno, y que ha tenido al Covid-19 como un aliado inesperado que ha incrementado su efecto nocivo. Según el Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE), el 34% de los españoles entre 3 y 24 años padece sobrepeso, y el 10,3% tiene obesidad; mientras que la prevalencia de la obesidad abdominal es superior a 31%. Son datos preocupantes que colocan a España como tercer país europeo con mayor índice de obesidad infantil y juvenil (14,2%), sólo por detrás de Grecia (18%) e Italia (15,2%), según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Los factores más destacados que influyen en el sobrepeso de niños y jóvenes son los malos hábitos alimenticios, y un sedentarismo al alza que se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para un fuerte incremento de la obesidad durante el confinamiento por la pandemia; y es durante la infancia cuando se establecen las costumbres alimenticias que, si no se fijan correctamente, son muy difíciles de cambiar, dando pie a que muchos jóvenes acaben siendo obesos en su edad adulta.
En este sentido, el Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE) revela que el 31,6% de los adultos españoles presentan sobrepeso, mientras que el 22% tiene obesidad, alcanzando su mayor tasa entre los mayores de 65. Andalucía y Galicia (26,7%) son las autonomías con mayores índices de obesidad, seguidas por Asturias (26,2%) y Murcia (25,7%). Baleares (11,7%), Cataluña (16,1%) y País Vasco (16,5%) presentan las tasas más bajas.
La obesidad infantil y juvenil es ya una epidemia global y un problema de salud pública de primera magnitud en una sociedad como la española, donde la dieta mediterránea está cada vez más arrinconada ante la invasión de alimentos ricos en azúcares y carbohidratos, como la bollería industrial, las bebidas carbonatadas, los postres lácteos, las mermeladas o los cereales para el desayuno. La prevalencia de la obesidad sigue en aumento en niños y adolescentes en los países desarrollados, y está estrechamente vinculada al desarrollo temprano de enfermedades como diabetes tipo 2, problemas respiratorios, colesterol, alta presión arterial, dolores articulares, patologías hepáticas o problemas circulatorios, entre otras dolencias, además de una serie de enfermedades psicológicas como ansiedad, depresión o baja autoestima.
Según la OMS, el 97% de los hogares europeos tiene televisor, el 72% ordenador, el 68% acceso a Internet y el 91% teléfonos móviles. Esta ‘invasión’ de la tecnología aumenta exponencialmente el tiempo de uso de pantallas entre los menores, afectando negativamente en los hábitos alimenticios, el ejercicio físico y el sueño, y favoreciendo el sobrepeso. El último Estudio de Alimentación, Actividad física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España (ALADINO), de 2019, ya establecía que “la prevalencia de sobrepeso y obesidad de los escolares de seis a nueve años en España sigue siendo elevada”.
Rosaura Leis, miembro del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP), afirma que la etapa post pandemia ha registrado un “repunte” en la obesidad infantil y juvenil, según “los estudios que manejamos”, probablemente asociado al confinamiento, que “redujo” la actividad física y “aumentó” el consumo de determinados tipos de alimentos. La doctora indica que la “inactividad física y el ocio pasivo” están “provocando” un aumento de la prevalencia del sobrepeso infantil, lo que conlleva un “incremento del sedentarismo”, generado por el “uso de pantallas” donde, además, “se publicitan” alimentos altos en “calorías, energía, azúcares añadidos y grasas”.
Para Leis, se trata de un “problema complejo” que nace en las “sociedades desarrolladas”, asociado a las “mejoras económicas y sociales”, pero actualmente existe una “mayor prevalencia” de obesidad en personas de “nivel cultural y socioeconómico más bajo”, y hay que proteger a los niños frente a la “publicidad engañosa” y fomentar la “actividad física” y el “buen uso” de las pantallas. Las principales causas de muerte en la población adulta son “las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la hipercolesterolemia y algunos tipos de cáncer”. Estas patologías, que hasta hace muy poco eran detectadas únicamente en personas mayores, ahora “las diagnosticamos en niños, y están estrechamente asociadas al sobrepeso”.
Abandono de hábitos saludables
Albert Lecube, vicepresidente de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), aclara que los juegos on-line y las redes sociales están claramente “relacionados con el incremento de peso en infancia y adolescencia”, y la “globalización y la comida rápida” están “aislando” a la dieta mediterránea y “fomentando el sedentarismo” y la “obesidad” en los jóvenes, que están “abandonando los hábitos saludables de alimentación tradicional en cuanto a variedad y menor número de calorías”.
La edad infantil y juvenil es la etapa vital que registra los mayores cambios físicos e intelectuales, y en ellos cobra especial importancia la alimentación. Asociaciones y especialistas reclaman una mayor implicación público-privada para atajar un problema del mundo globalizado que es tendencia al alza desde hace dos décadas. Esta globalidad nutricional y un sedentarismo cada vez mayor se empiezan a manifestar peligrosamente en la niñez y se perpetúan en la edad adulta, desembocando en trastornos metabólicos que pueden convertirse en crónicos a edades tempranas.
Jesús Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional para Personas Obesas y el Tratamiento de la Obesidad (ASEPO), señala que el inicio de la pandemia “disparó” los índices de obesidad de manera “notable”, debido a las restricciones de movilidad y a una “mayor ingesta de bollería y alimentos ultraprocesados”. Según este especialista, el mayor uso de dispositivos electrónicos y juegos digitales ha “influido” considerablemente, y recuerda que en su época “se jugaba en la calle, lo que generaba un elevado gasto de calorías, y de merienda te daban un bocadillo, que era más saludable que la bollería industrial”.
Díaz denuncia que la obesidad es la “pandemia mundial del siglo XXI”, y la comida rápida tiene “mucho que ver”, ya que conlleva un “alto consumo” de hidratos de carbono y azúcares que “la industria alimentaria nos empuja a tomar” a través de sus productos: “Ya desde las papillas y las leches de crecimiento para bebés el índice de azúcar es altísimo, lo que induce al problema que viene después. Hay más población obesa, adicta a los azúcares, que desnutrida: nadie quiere un brócoli hervido, pero sí un trozo de pizza”.
La prevención, a través de programas de salud dirigidos a familias y escuelas, es fundamental para luchar contra el sobrepeso en la población infantil y juvenil. Los expertos recomiendan la actividad física y una alimentación equilibrada. Por lo general, los niños comen más de lo que necesitan y su alimentación es rica en azúcares y grasas, con predominio de carnes rojas, dulces y alimentos precocinados, y ausencia de pescado, verduras, legumbres y frutas. Asimismo, muchos jóvenes prescinden del desayuno, primera comida del día que está estrechamente relacionada con la regulación del peso corporal.
Presión de la industria alimentaria
Las campañas de prevención no son la única herramienta para luchar contra la obesidad infantil, y los especialistas apuntan a la publicidad como uno de los problemas principales a los que hacer frente. Las consultas de pediatría informan a padres y niños sobre los riesgos de una mala alimentación, pero es muy difícil pelear contra el gigante de la publicidad y sus mensajes confusos de ‘alimentos lúdicos’ en televisión y supermercados. La industria alimentaria ejerce una gran presión a través de los medios de comunicación, mientras médicos y expertos reclaman una intervención decidida por parte de las autoridades sanitarias para atajar el problema.
Lecube puntualiza que el Gobierno se centra sobre todo en la “prevención”, que sin duda es “muy importante” y se debe iniciar desde la “etapa escolar”, pero “no podemos abandonar a los niños que ya son obesos”. A su juicio, la publicidad en medios debería “reconducirse” para obviar los “constantes mensajes negativos” y evitar “el estigma y la discriminación social” que sufren las personas con sobrepeso. Este médico subraya además la importancia de “promover” entre los profesionales sanitarios el “interés” por la enfermedad: “Es muy compleja y no se soluciona comiendo menos, la nutrición juega un papel importante pero no es el único”.
“En los primeros meses de confinamiento hicimos encuestas que mostraban que el 51% de los menores había subido entre uno y tres kilos de peso debido a la falta de actividad y movimiento, aumentando también los cuadros de ansiedad y estrés, sobre todo en viviendas de poco tamaño”, rememora Lecube, que apunta al no reconocimiento de la obesidad en España como enfermedad -no así la OMS- como uno de los mayores obstáculos, ya que “dificulta mucho las iniciativas de diagnóstico y la financiación de los tratamientos”.
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