“Por mucha que sea la particularidad que se discierna a las elecciones de Cataluña, es de todo punto evidente que pueden ser aceptadas como paradigma del espíritu que anima a la opinión pública española. Lo específico allí es el Estatuto, pero lo genérico, independientemente del Estatuto, claro está, se descubre en la persistencia de los rumbos izquierdistas. A este respecto, las ilusiones de las derechas eran, antes del 20 de noviembre, abundantes y, en concepto de sus hombres, muy autorizadas. La respuesta a esas ilusiones ha sido terminante. Porque la «Esquerra» es, fundamentalmente, un partido de izquierda burguesa. Como es natural, nuestro juicio sobre la posición de la «Esquerra» está condicionado por las circunstancias. Sus representantes en el Parlamento de la República han dado al nuevo régimen ni más ni menos que los demás partidos de izquierda burguesa incluidos en la mayoría. Con eso está dicho todo. No cabe duda, pues, de que la «Esquerra» se define como partido coautor de la revolución política. Cuanto ha ocurrido en España desde el 12 de abril de 1931, mediante la acción del Parlamento y del Gobierno, es también, en la proporción de su fuerza numérica, obra de la «Esquerra». Como dijo el señor Martínez Barrios, buscando efectos contrarios a los que surtió su frase, la política de la «Esquerra», en conjunto, es la política del señor Azaña. Pues bien: la política del señor Azaña, el proceder del Gobierno ha obtenido en Cataluña el resonante triunfo que conoce el lector. La «Lliga», el partido adversario, el refugio de la plutocracia y el conservadurismo catalanes, si es cierto que ha logrado más adhesiones que en junio del año pasado, no lo es menos que la diferencia 110 permite a las derechas demasiadas jactancias. Y nótese que se han producido en Cataluña, desde que fué proclamada la República, acontecimientos en los que, atendida la mecánica de los intereses, veían los reaccionarios sólidos argumentos contra la gobernación izquierdista. Pero la opinión ha demostrado que sabe resolver los problemas que plantea el régimen de libertad y que prefiere crear ella el orden por sí misma a que se lo dé hecho un autócrata de poderes absolutos. El pueblo no quiere ya monólogos. Y lo que ha ocurrido en Cataluña pasará, lo hemos de ver en plazo corto, en toda España.