Talleyrand. La legislativa echa andar. IV
El nuevo parlamento francés asumiría la ingrata labor de pilotar la nave revolucionaria a partir de los primeros meses de 1791. De un día para otro, Charles-Maurice se vio excluido de la política nacional y, pasó a formar parte del consejo del departamento del Sena, única puerta que le quedaba abierta. En consecuencia, dimitió de su episcopado de Autun, ahora convertido en obispado “de Saône-et-Loire”. La obligación de residencia que la Constitución civil del clero le imponía, no le permitía compatibilizar sus funciones anteriores, con la administración del departamento del Sena y, actuó como cualquier funcionario y no como imponía el código canónico. Para Roma, que nunca aceptó la Constitución votada por la Asamblea, seguía siendo obispo de Autun y, siguió siendo obispo toda la vida como se vio en 1802 con ocasión de su forzado matrimonio con Mme Grand. Apenas faltaban cuatro meses para que Roma lo excomulgara (abril de 1791) de modo que debía considerarse, a todos los efectos un ciudadano laico libre de toda obligación frente a los católicos. Mientras tanto, su tío y protector, el bondadoso arzobispo de Reims, ya había puesto pies en polvorosa y, abandonado el país al igual que los hermanos del rey.
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