El Rosario
- Escrito por Salvador Sellés
- Publicado en Poetas
¿Por qué no rezas—me dijo
sombríamente un fanático.—
Dios enojándose espera
las ofrendas del rosario.
Yo callé. Miré los cielos.
¡Encantador espectáculol
Era el crepúsculo. El sol
en oro y púrpura ornado,
brillante rey descendía
á su imperio del ocaso,
mientras allá por Oriente,
envuelta en velas nacáreos,
virgen namorada y bella
ruborosa frente alzando,
—¡Adiós, mi bienl—parecía
suspirar la luna, en tanto
que para ver el hechizo
de adiós tan dulce, tan largo,
por las etéreas alturas
asomábanse los astros.
Quedé en éxtasis. Sentí,
desprendido de vil barro,
que en mi ser brotaban alas
arcangéljcas. En tanto,
lentamente fui subiendo...,
fui subiendo… Fuí más alto
que el purpúreo sol, que el disco
de la luna, que los astros,
que el cénit color violeta,
infinito, dulce y vago.
Sentíme espíritu puro,
puro centro de mil rayos;
como sol inteligente,
dominaba los espacios,
y cual uno de esos dioses
que la mente ve soñando
por la altura dirigiendo
los sistemas planetarios,
al influjo de mis ojos
en el éther anegados,
desde el cénit descendían,
descendían hasta el caos,
mundos, mundos y más mundos
colosales y pesados.
Y á cada vez que se hundía
en los abismos un astro
como gigantesco buque
por el piélago tragado,
—Padre nuestro—repetían
solemnísimos mil labios;
y bajaban á los reinos
insondables y callados,
con mis grandes oraciones
mis sistemas planetarios,
en inmenso cordón de oro
como cuentas, como granos,
mundos, soles, universos
y creaciones ensartados!
E inclinándome á la Tierra,
que era en lo infinito un átomo,
dirigiéndome triunfante
al ya invisible fanático,
-¡mira, mira cómo rezo -
clamé—mira mi rosario!
Y bajaban por inmenso
cordón de oro, como granos,
mundos, soles, universos
y creaciones ensartados!