Ruego
- Escrito por Pedro Barrantes
- Publicado en Poetas
Dulce amada mía;
virgen candorosa
de ardiente mirada,
de labios de rosa
tú que eres la estrella
pura y luminosa
que alumbra radiante
mi vida azarosa,
atiendo la súplica
de mi alma amorosa:
cuando esté muriéndome,
cuando congojosa
mi voz casi extincta,
se exhale anhelosa,
y cubra mis ojos
esa nebulosa,
de la gran trajedia
señal pavorosa,
no hagas que de clérigos
la familia odiosa,
vierta en mis oídos
su charla enojos».
Recítame entonces
con voz armoniosa,
las canciones libres
que en fiebre impetuosa
creó de Espronceda
la musa grandiosa;
y cuando me entierren,
pon sobre la losa
que cubra mi tumba
negra y silenciosa,
la efigie sublime
de la dulce Diosa,
por quien he sentido
pasión fervorosa;
la santa y augusta
Libertad hermosa,
su imagen orlando
con hojas de rosa;
porque esta es la gala
modesta y honrosa
que quiero, alma mía,
que adorne mi fosa.