Epigramas de sacristía
- Escrito por Luis Díaz Pintado
- Publicado en Poetas
La mujer de un hombre ansioso
por el vino, muy sincera,
á un santo muy milagroso
pidió que el vino su esposo
para siempre aborreciera.
Y en efecto, se mostró
con ella el santo clemente,
pues el vino aborreció,
y ya no se emborrachó...
nada más que de aguardiente.
Una dama encopetada
fué á entrar en Santa María,
y se sintió molestada
por la mano descarnada
de un mendigo que pedia.
—¡Socorra usté á un desgraciado!
—¡Será usted acaso un pillo!
—¡No he comido, y soy honrado!
—¡Apártese de mi lado!...
(¡y echó un duro en un cepillo!...)
—¿Continúa usted prestando
dinero, doña Ramedios?
—¡Claro!
—¿Y al pobre explotando?
—¡Para poder ir tirando,
son buenos todos los medios!
—Más, señora, ¿y la conciencia?
--No tengo por qué temblar.
Yo, confieso con frecuencia,
cumplo bien la penitencia...
--Y después... ¡vuelta á... pecar..!
—Escena que he sorprendido
yo mismo en un hospital:
Dice la hermana á un herido:
—¡Si no reza, no hay cocido!
-¡No sé!
—¡Valiente animal!
Y otro, que se deshacía
en darse golpes de pecho,
hasta gallina comía...
¡La iglesia y la cirugía
se avienen mal bajo un techo!