Flores de la Guerra
- Escrito por Sinesio Delgado
- Publicado en Poetas
Páramos son las fértiles campiñas,
que los combates asolaron; polvo
los recios muros, y ceniza el bosque;
sobre los tristes pueblos silenciosos,
la guadaña del ángel de la muerte
va tiñendo de sangre los escombros,
y, abatiendo las naves orgullosas,
del mar las lleva al insondable fondo.
Arrasan las naciones florecientes
lluvia de fuego y vendaval de plomo,
y se cavan las tumbas a millares
en el inmenso erial, campo de abrojos.
Pero la tromba pasará. La lucha
tendrá su Fin cuando el terrible soplo
del huracán devastador no encuentre
nada que destruir; y entonces todo
quedará en esa calma aterradora
que sigue a los desastres espantosos:
hartas de maldecir, mudas las lenguas;
cansados de llorar, secos los ojos.
En los pueblos misérrimos, acaso,
rota la vida y agotado el oro,
la hambrienta multitud haga en las ruinas
su sementera de implacables odios,
y tal vez los alcázares hundidos,
las minas ciegas y los puentes rotos,
sean testigos de hecatombes nuevas
en holocausto al implacable monstruo.
Pero de todas triunfarán, de todas
se salvarán los hombres de negocios,
que, lejos del fragor de las batallas,
encontraron en ellas sus tesoros;
los que vendieron víveres y bombas
con una utilidad rayana en robo
y comerciaron con el hambre y fueron
para muerte y dolor ciegos y sordos.
Ellos levantarán en las ciudades
arrasadas palacios suntuosos,
ostentarán con insolente orgullo
cruces y bandas, títulos y adornos,
y fingirá ignorar cándidamente
la muchedumbre que los lleve en hombros
que han hecho la fortuna de sus hijos
con sangre de los hijos de los otros.