Hojas de papel
- Escrito por Guillermo Pereira y Álvarez
- Publicado en Poetas
¡Con cuánta indiferencia se mira una cuartilla
sin ver que en sus entrañas va el germen de un tesoro!
¡Cuántas dichas da a veces una carta sencilla
que no se cambiarían por una mina de oro!
¿Qué fuera la palabra, la luz del pensamiento,
sin el papel que acoge su vida y la perdura?
Un grito que se pierde con el rumor del viento
o un rayo que un instante brilla en la noche obscura.
El corazón, a veces, como el mejor amigo
cuenta al papel sus cuitas, sus sueños y alegrías
seguro de que siempre será el más fiel testigo
de todo cuanto sabe de los pasados días.
El arte en él vacía sus bellas concepciones
y el alma sus mensajes que dulce amor perfuma,
y es su blancura misma para los corazones
de nieve, con la pena; con la ilusión, de espuma.
Hoja no escrita es huerto que, sin ser cultivado,
Anhelos maternales dentro del seno anida,
en tanto mudo espera la reja del arado
que trace el pentagrama del himno de la vida.
Y el labrador entonces que con ruda fatiga
en el virginal predio sus ternezas derrama,
ve surgir una nota por cada rubia espiga
y un canto de esperanza en cada verde rama.
La misma superficie del mar, cuando tan suaves
las olas sin espumas refulgen como acero,
es hoja luminosa donde escriben las naves
las hondas emociones del alma del viajero.
Páginas engañosas para los emigrantes
en las que ilusos leen futuras bienandanzas,
creyendo que en los surcos de las quillas cortantes
sepultan infortunios y siembran esperanzas.
Parece el papel blanco como una alegoría
de la Nada, el constante cavilar de la duda,
y tiene algo de abismo y da la impresión fría
de losa funeraria, sin epitafio, muda.
Mirándolo impoluto, mil veces imagino
Sobre el cambio de suerte que le daría unos trazos
o si tal vez mañana no tendrá más destino
que ver, cual mariposa, volando sus pedazos.
No siempre al bien se presta, también al mal se inclina,
que es el papel lo mismo que lámina de acero
de la que hacerse puede la daga florentina
o la brillante espada de noble caballero.
Y muchas veces mancha su nitidez de nieve
el tacto repugnante de venenosa mano,
y es portador entonces de la calumnia aleve,
de torpes invectivas o anónimo villano.
Su misión es más noble y habrá ignorada pluma
que engendre en sus entrañas la vida, el movimiento,
salpicando su virgen vestidura de espuma
con el polen fecundo de un genial pensamiento.
¡Un poeta, lo mismo que el rey aventurero
que dar quiso su reino por un veloz corcel,
también cambiara el trono, no un trono, el mundo entero
por la gloria que duerme sobre el blanco papel!