Las incluseras
- Escrito por Antonio Paradas
- Publicado en Poetas
El sol, apagando sus rojos fulgores,
luce melancólica luz crepuscular,
y de un parque oculto llegan los clamores
vagos, somnolientos, de un triste cantar.
Son las incluseras que cantan en coro
ingenuas canciones que dicen de amor;
¡ellas, con sus tiernas vocecitas de oro
alegran sus horas de tedio y dolor!
Hijas del misterio; su vida estancada
está en la vetusta y austera mansión
que tiene apariencias de jaula dorada
y no es más que horrible, sombría prisión,
que borra su encanto de mozas garridas,
cubiertos sus cuerpos con tosco sayal,
y guarda el misterio de sus tristes vidas,
mustias cual las rosas de un muerto rosal.
El mundo os arroja cual fruto maldito
en el blando seno de la caridad,
madre bondadosa que encubre un delito
recogiendo el fruto de tanta maldad.
En tardes alegres, la adustez sombría
del viejo recinto las veréis dejar,
y con rostros pálidos, faltos de alegría,
marchar silenciosas, lento el caminar.
¡Les son tan extrañas las cosas del mundo,
que al verlas tundidas por honda emoción,
sienten hacia todos un odio profundo,
porque también ellas tienen corazón!
Y acaso entre dulces sueños inocentes
en el apacible lecho virginal,
sintieron que un ángel rozaba sus frentes,
dándolas un beso casto, maternal.
Envió la luna sus blancos fulgores;
del parque ascendían, trovando su amor,
los suaves arpegios de los ruiseñores
y el rico sahumerio de acacias en flor.
Triunfaba la noche. Tenues se apagaron
los vagos clamores de aquella canción,
y á poco los ecos sólo se escucharon,
tocando á oraciones, de un viejo esquilón.
(Vida Socialista, n.º 148, 8 de diciembre de 1912)