Profecías
- Escrito por Antonio Paradas
- Publicado en Poetas
Mi musa, rara beldad,
cuya belleza estatuaria
cubre con la indumentaria
que se viste la Verdad,
es un alma prodigiosa,
mezcla de diosa y mujer;
alma que debió nacer
del capullo de una rosa,
que se abrió fresca y galana
para lucir su arrebol
al tibio beso del Sol
de una abrileña mañana.
Tiene mi musa adorada
un bello y rico tesoro:
una cabellera de oro
que sustenta, desplegada
con la gracia peregrina
con su gentil apostura,
sobre la nivea blancura
de su espalda marfilina.
Con su adorable ternura
no hay fiereza que no ablande;
¡tiene un corazón, tan grande
además de su hermosura!...
Su voz, cual la melodía
de un dulce y armonioso canto,
me dice, con el encanto
de una bella profecía:
Poeta, amarás lo bello,
pues sólo hallaras grandeza
allí donde la belleza
deslumbre con su destello.
Será la mejor canción
de tu citara sonora
la que ostente bienhechora
notas de tu corazón.
El aura, el campo, las flores,
de la música el arrullo,
del arroyuelo el murmullo
y del pincel los colores,
serán como él beso ardiente
de la amante inspiración
que, como divina unción,
irá á posarse á tu frente:
un culto harás del amor,
y una religión del arte,
quien con las musas comparte
puede alcanzar su favor
cuando se eleva, afanoso,
el espíritu sin calma
como un suspiro del alma
á ese reino poderoso,
reino puro de ideal
donde triunfa la alegría -
y entona la Poesía
un bello canto nupcial.
Sé con el altivo fuerte,
con el humilde, piadoso;
con el bueno, generoso,
y nunca temas la muerte.
Vive y ama, ríe y llora,
practica, ante todo, el bien,
y obtendrás mi parabién
con la ofrenda halagadora
de eterna dicha completa;
y como prueba evidente
yo coronaré tu frente,
si lo mereces, Poeta.
(Vida Socialista, junio de 1912)