Del camino
- Escrito por Aurelio Bay
- Publicado en Poetas
Es obscura la noche decembrina,
y cae torrencial el aguacero:
¡noche aciaga, de penas y de llantos!
¡Noche triste de enigmas, de misterios...!
No importa: resignados los mendigos
trasponen los charcales del sendero.
¿Dónde van á estas horas de amargura?
¿Dónde van á parar si está lloviendo?
Dejadlos que recorran el camino...
Mirad, cercano se divisa un pueblo;
allí demandarán un pobre albergue,
allí ya implorarán un duro lecho...
¿Quiénes son los nocturnos caminantes
que vienen por la falda del otero?
¿Será una tribu de errabundos parias
sin cuna, sin hogar? No lo sabemos.
Son como muchos que en las horas frías
hemos visto llegar aquí pidiendo:
acaso son los mismos que á nosotros
se acercaron un día casi muertos
implorando un pedazo de pan duro,
una ropa inservible ó unos leños...
No importa quienes son... nadie pregunta
de dónde vienen, ni por qué vinieron;
su vieja indumentaria nos repugna;
su tétrico mirar nos causa miedo...
No tienen más albergue que la calle;
la calle es su continuo alojamiento:
y lo mismo en las noches agosteñas
que en las noches crudísimas de enero,
se duermen en los quicios de las puertas
y suenan con suspiros y lamentos...
¡Así son los nocturnos caminantes
que pisan los charcales del sendero!
¿Llegan? Sí, llegan pensativos, tristes,
no pueden casi andar... están hambrientos.
¡Hambre! ¿Por qué no comen los mendigos,
si son hijos de Dios y hermanos nuestros?
No quieren detenerse... Ya cruzaron
con paso acelerado por el pueblo;
y salen otra vez allá al camino;
y sigue torrencial el aguacero...
¡Oh que triste la noche decembrina,
noche aciaga de sombras y misterios!
Mirad cómo la ignota caravana
prosigue su ambular por los desiertos:
los niños, ¡cómo lloran! ¡pobrecitos!;
la madre los calienta con sus besos,
y el padre, pensativo, sollozando,
sólo dice su historia de lamentos.
Así son los nocturnos peregrinos
que pisan los charcales del sendero:
rebeldes visionarios de la noche;
perdidos trovadores que, del plectro,
no supieron más notas ni más ritmos
que el poema sin fin de los hambrientos.
(Vida Socialista, abril de 1912)