¡Paso a la vida!
- Escrito por Adolfo Carretero
- Publicado en Poetas
(Cancionero rebelde)
Corazones esclavos, almas dolientes
espíritus dormidos en la inconsciencia,
que lleváis en los rostros y en vuestras frentes
el estigma fatídico de la impotencia.
Multitud oprimida que gime y llora
apresada en las garras de la miseria,
que en su lento martirio, firme y traidora,
va chupando los jugos de la materia.
Turbamulta de hambrientos y de explotados
que cruzáis por la vida llorando males,
llevando á vuestros miembros debilitados
sus hedores infectos los hospitales.
Almas ensombrecidas por la penuria
sin un valiente empuje de rebeldía,
vuestras hembras son carne de la lujuria
do sacia el sensualismo la burguesía.
Cabalgata del hambre, plebe irredenta,
moradores eternos de lo imprevisto,
que abrigáis en la frente calenturienta
la esperanza infecunda de un nuevo Cristo.
En la sombra dormitan vuestros hogares
donde un hálito frío la muerte lleva,
donde el extenuamiento de los pesares
en los pobres hijuelos sus ansias ceba.
Vuestra vida es la horrible vida, sombría,
subyugada al trabajo que lento os mata.
A vosotros niega paz y alegría.
Con vosotros la vida se muestra ingrata.
No os ofrece el encanto de sus primicias
cuando Natura, pródiga y halagadora,
nos presenta el secreto de sus delicias
y nos abre sus senos de gran señora.
No gustáis de la vida las sensaciones,
sino eternos esclavos del capital,
vais nutriendo con hieles los corazones,
vais bebiendo las heces negras del mal.
Vuestros rostros son rostros de calentura,
pobres rostros de enfermos alucinantes,
que en sus huecas pupilas hay la tristura
de las almas marchitas y claudicantes.
Sobre vuestros tugurios hay ese ambiente
que en el ánimo imprime siniestra nota
y que habla á los sentidos intensamente,
con el escepticismo de ilusión rota.
Lloráis en la miseria largos dolores,
dolores, que cual sierpes, hieren el alma.
Y de vuestros amargos breves amores
en el arroyo impuro crece la palma.
No sentís el anhelo que fortifica;
no amáis vuestra existencia, porque no es buena,
porque con sus crueldades os mortifica,
porque os circunda al cuello férrea cadena.
Cuando encienden los aires vital aliento.
Cuando cubren al campo, riendo, flores,
flores que son aroma del pensamiento
que palpita en la esencia de los amores.
Cuando cantan las aves himno sonoro
en la inefable calma de los espacios.
Cuando el sol desparrama su risa de oro,
y se desborda el lujo de los palacios.
Cuando hay en todo un gesto vital y ardiente
y se rinde al espasmo del erotismo
sumidos en tinieblas, sin luz ni ambiente,
arrancáis los tesoros, sobre el abismo...
Obreros sin arrestos ni rebeldías:
levantad vuestras frentes calenturientas,
encended el espíritu en energías
y rasgad del esclavo las vestimentas.
Romped varonilmente los eslabones
de la servil cadena que os hiere y mata.
Alzad, de amor bañados, los corazones.
Haced vuestra existencia más du'ce y grata.
Y ante los opresores, en gesto bravo,
gritad con voz ardiente, de bien ungida:
¡Murió el absolutismo! ¡Murió el esclavo!
Haceos atrás, espectros. ¡Paso á la Vida!
(Vida Socialista, julio de 1911)