Los godos. Leovigildo. II
Cuando, poco después, se produjo la muerte de Liuva en Narbona y, quedó Leovigildo como único regente, el monarca decidió “ampliar su reino con la guerra y aumentar sus bienes” (“Historia de los godos”) lo que venía a demostrar, que la expansión territorial de los jefes godos, estaba también dirigida por una afán de enriquecimiento personal, lo que les permitía comprar la fidelidad de la nobleza, a base de donaciones personales. Para ello, la pacificación interna era requisito indispensable, sin el que, cualquier intento de aumentar su poder en las provincias, estaba condenado al fracaso, por lo que Leovigildo puso todo su empeño, en aglutinar en torno a su figura, a todas las fuerzas sociales. Para ello no dudó en casarse con la esposa de Atanagildo, Gosvinta, que como viuda real, le aportaba las riquezas y las clientelas de su anterior marido. Su matrimonio fue un acto de Estado, pues el rey había estado casado (o lo estaba, como lo estaba Ataulfo cundo se casó con gala Placidia) y tenía ya dos hijos, Recaredo y Hermenegildo. Pero la unión sirvió para estrechar los lazos, entre las familias godas más influyentes de Hispania y de Narbona.
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