El trabajo en las minas en Sevilla en los años treinta
- Escrito por José Ramón Gómez Osorio
- Publicado en Textos Obreros
“La Compañía ferroviaria de M. Z. A. tiene en explotación las minas de carbón denominadas de «La Reunión” en Villanueva de las Minas, provincia de Sevilla. Constituyen el vecindario de Villanueva cerca de tres mil trabajadores, que se ocupan en las minas y talleres de la Empresa ferroviaria citada, de la cual puede decirse todo es propiedad en aquel pueblo. La Compañía ferroviaria de M. Z. A. es la dueña de las minas, de los talleres, de las casas-habitación de los obreros y empleados. Suya es la iglesia, las escuelas, el alumbrado, el agua. Son de su propiedad el pueblo, las cosas y, aunque parezca que no, también lo son los hombres de trabajo, económicamente amarrados a la explotación de la Compañía ferroviaria por unos salarios mezquinos, de hambre, que perciben a cambio de un trabajo duro, realizado, en la mayoría de los casos, sin ninguna garantía de seguridad para la propia vida.
Hemos ido a Villanueva a cumplir deberes de la organización. Los camaradas directivos del Consejo Obrero Ferroviario nos invitan a visitar los talleres y la ruina. Para la excursión a través de ésta, me facilitan ropa de faena, sombrero duro del tipo del «salakof» que utilizaban los soldados en Africa, la correspondiente linterna, y henos ya vestidos de minero y dentro de la jaula que nos lleva a las entrañas de la Tierra, a seiscientos metros de profundidad.
Descendemos a la mina por el pozo número 5, hasta el piso 15, desde el que, a pie ya, seguimos la rampa hasta el piso 16, profundidad máxima de la explotación actual. A medida que nos adentramos por galerías y planos, aumenta la impresión, verdaderamente terrible, que en nuestro ánimo produce el desprecio que la Compañía ferroviaria de M. Z. A. tiene para la vida de dos hombres de trabajo.
Jornales de miseria. Exposición de la vida de los obreros, por el pésimo estado en que se halla la mina. Tal es la triste, la trágica realidad que la visita nos ofrece.
-La entibación en las minas de carbón-nos dicen nuestros compañeros-es fundamental e inherente a una buena explotación. Si la entibación-añaden-no es buena, si no se atiende con esmero da conservación y reparación, no hay garantías para la seguridad de la vida de los trabajadores, ni la producción puede ser la correspondiente a una explotación racional e inteligente.
Los trenes de vagonetas son arrastrados por tracción de sangre. Los pies derechos de la entibación, colocados durante mucho tiempo sin rectificación, ceden a la presión de das paredes de carbón, estrechando el espacio de las galerías, hasta el punto de que las vagonetas tropiezan en los pies derechos, paralizando el trafica y constituyendo un evidente peligro para los trabajadores. Hemos visto muchos cabezales tronzados por da presión del techo, el cual, en algunos sitios, ha cedido tanto, que no permite pasar das vagonetas que tienen 1,25 metros de altura. Grandes trozos de galería los hemos recorrido metidos en agua y fango. En muchos lugares de la mina, todo da la sensación de inminente catástrofe.
El mal estado de la entibación obedece principalmente a la escasez de personal para este trabajo, y a que, del existente, la mayoría está dedicado a otras funciones distintas, cuales son las de plaqueros y peones de arrastre.
Las deficiencias de la entibación, el abandono general en que la Compañia de M. Z. A. o la alta jefatura tiene la conservación y reparación de la mina, obstaculiza la mayor extracción de carbón, y no es aventurado afirmar que impide que salgan cien toneladas más cada día.
La dirección técnica está encomendada a CINCO señores ingenieros de minas y un químico. A nosotros se nos ocurre preguntar: ¿Conoce la Compañía de M. Z. A. la situación en que se hallan las minas de Villanueva?
¿Sabe que poniendo en condiciones aquellas minas, humanizando las condiciones de trabajo, garantizando la vida de los trabajadores con las obligadas medidas de seguridad, automáticamente aumentará la producción, facilitando la extracción sin ningún entorpecimiento para la circulación por das galerías y sin peligro para los obreros?
La nada escasa dirección técnica, ¿no se considera obligada a informar, si no lo ha hecho, del estado en que se halla la mina y de la necesidad de aumentar personal, para dedicar el necesario a la entibación, que se halla en trance catastrófico?
Estamos seguros de que una inspección honrada, hecha con imparcialidad y noción de la responsabilidad, no toleraría por roáis tiempo la continuación de tal estado de cosas.
Queremos terminar estas notas haciendo constar que de los datos de jornales del interior que tenemos en nuestro poder, no resulta un tipo medio de salario, en los diferentes oficios, mayor de SIETE PESETAS, y, acaso no llegue a tanto.
Y por lo que Se refiere a los obreros del exterior, cuyos talleres hemos visitado también, baste decir que entre todos los operarios ajustadores hay sólo tino que cobra 10.25 pesetas de jornal. Y dos caldereros, dos forjadores y dos carpinteros, cuyo jornal 09 de 8,6o pesetas.
El tipo medio de jornal de todos los demás obreros del exterior es, pecando acaso por exceso, de 6,5o pesetas.
Director general de la Compañía ferroviaria de M. Z. A. es don Eduardo Maristany, hombre que alardea de sentimientos generosos y virtudes de filántropo.
Pues bien, señor Maristany, a nosotros no nos cuesta gran trabajo aceptar como una realidad aquellas cualidades que algunas gentes le atribuyes a usted. Pero queremos advertirle que, en el caso de las minas que nos ocupa, no se trata de aplicar actitudes de generosa filantropía, sino de hacer justicia, que quiere decir rectificación completes de las condiciones de vida y trabajo de cuantos; trabajadores se ocupan en las minas, tanto en el tenor como en el exterior.
Y conste que esa rectificación de injusticias que demandan aquellos trabajadores conviene al propio interés económico de la Compañía porque mejorará y aumentará la producción.
Una dirección técnica inteligente no puede, sin menoscabo de los postulados de justicia y hasta de la dignidad profesional permanecer indiferente ante tan dolorosas realidades.
En definitiva, los camaradas de Villanueva deben robustecer cada vez más la organización, pensando que ella es la única arma para poner treno a tanta injusticia, mejorando, moral y materialmente, su condición de trabajadores.”
(El Socialista, número 7175 de 5 de febrero de 1932).