En el aniversario de la ejecución de Kotoku
- Escrito por J. A. Meliá
- Publicado en Textos Obreros
El 24 de enero de 1911, ahora hace 110 años, fue ejecutado uno de los socialistas más destacados de Japón, Denjiro Kotoku, al que este periódico dedicó un artículo monográfico en otro momento, y que podemos consultar en la hemeroteca de El Obrero (Eduardo Montagut, La ejecución de Denjiro Kotoku y el socialismo español 2017). En este caso recordamos un texto de J.A. Meliá:
“¿Civilizados?”
“¿Recordáis cuándo la Europa burguesa dio patente de civilizados á los japoneses? Fué cuando con poderosos acorazados, mortíferas ametralladoras y hombres-máquinas dieron la memorable batida á Rusia en los mares de la China y sobre las montañas y las mesetas de la Manchuria.
Entonces fué nuevamente descubierto el Japón; y se vio en él un pueblo regenerado, inteligente y férreo, capaz de preocupar á la vieja Europa.
Súpose que había en el antiguo Imperio del Sol Naciente hombres de profunda ciencia, arte delicado, retórica avasalladora y literatura tierna... Todos fuimos japonófllos. ¡Es tan hermoso ver á un pueblo joven aniquilando á un monstruo, de crueldad legendaria, como Rusia!
¿Fué una fantasía, más halagadora por lo difusa que la hacía la distancia? El dolor que hoy punza nuestras almas parece confirmar que fué una ilusión. ¿Qué se hicieron aquellos hombres de profundo saber y espíritus sutiles? ¿Qué aquel pueblo rejuvenecido y lleno de modernos ideales, justo y noble, rompedor de yugos y emancipador de razas? ¡Ah, qué fatal silencio ha seguido á la gran infamia de Tokio!
Mas quién sabe. Todavía el corazón se recrea en dulces esperanzas de que la lejanía de aquel archipiélago nos oculta la verdad de las cosas, y aun queremos adivinar al pueblo japonés volviendo por la Humanidad y tomando fiera venganza contra los viles atropelladores de conciencias.
La gran iniquidad ha sido consumada. El doctor Kotoku, su esposa y diez compañeros más perecieron en una macabra orgía de muertes que duró siete horas. Nunca como después de los doce asesinatos se debió sentir tan débil el poder divino del Mikado.
El vencedor de la Rusia zarista acaba por tomar de ella los procedimientos bárbaros de represión contra la Democracia. El que humilló á Nicolás II puede hoy, sin escrúpulos, estrechar sus manos ensangrentadas con las del odiado tirano de todas las Rusias.
No han sido doce, sino trece, las víctimas de esta infamia; porque días antes de la ejecución murió de dolor la anciana madre de Kotoku.
La histórica monstruosidad no podrá ser analizada en los documentos determinantes; más de medio metro levantaban las hojas de papel escrito para justificar los doce asesinatos. ¡Cuál no sería su justificación que han sido quemados por el Gobierno japonés!
Mas los cadáveres proyectarán por siempre su nefasta sombra sobre el trono del Imperio. Y serán un espejo donde á cada momento verá escrito su porvenir la reacción japonesa.
La Internacional socialista tiene doce mártires más. Triste, pero seguro presagio de próxima victoria.
Porque los doce ejecutados estaban afiliados á nuestra Internacional, á pesar de que las Agencias telegráficas burguesas los tildaron de anarquistas, como si el que lo fueran justificase su asesinato.
París, Rusia, Chicago, Barcelona, Jerez, Tokio... Pueblos y ciudades donde la sangre de los más puros idealistas fecundó la planta del porvenir: recibid una vez más el homenaje de fraternidad de nuestros pechos honrados.
Atibórrense de carne muerta los buitres de la tiranía; caigan rendidos por la digestión sobre los charcos de sangre de nuestros hermanos.
Y fortalecida el alma, avancemos nosotros con el garrote enarbolado para aplastar sus inmundas cabezas.”
(Vida Socialista, número 58, 5 de febrero de 1911)