Biografías (I)
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Desde muy jovencito he sido un ávido lector de “biografías”. Y estoy en total desacuerdo, con lo que ha dicho de ellas, el director de investigación del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) Philippe Artières: “La biografía es el peor de los géneros históricos. En sí misma es perfectamente contraria al enfoque del historiador, al no coincidir el tiempo histórico con el biológico y, resultar imposible que la trayectoria de un solo individuo, pueda ser significativa… Contribuir a su caída es el deber de todo historiador serio”. La afirmación es, sí, contundente. Pero otras muchas por el estilo, más o menos suavizadas o disfrazadas en su enunciación, pueden encontrase hasta incluso nuestros días.
La última que ha leído – escribe Isabel Burdiel – ha sido la del escritor Martin Amis hace unos días: “Las biografías, salvo algunas excepciones, son una tarea intelectual media o media-baja. Este género está lleno, inevitablemente, de vulgaridad y banalidad”. Pero, quizá a modo de prevención, ante algún biógrafo, que se dedique a escarbar en sus resentidos años de vida, Martin Amis ha decidido escribir su propia biografía, eso sí, novelada. Un ejercicio de autoficción, a ratos decepcionante, en su visible esfuerzo por evitar la vulgaridad.
Como historiadora que ha empleado unos años, en la biografía de la reina Isabel II de España y, en la escritora Emilia Pardo Bazán y, que nunca se ha implicado personalmente en ellas, como para resentirse con sus biografiadas, Isabel Burdiel cree que las críticas a la biografía, no deben echarse en saco roto. La ambigüedad metodológica, que la ha rodeado durante demasiado tiempo, se ha visto favorecida, por lo mismo que ha atraído a tantos lectores: ese “exorbitante poder de inteligibilidad”, al que aludía, hace décadas, Jean-Claude Passeron, el eminente sociólogo y epistemólogo francés. La capacidad que tiene el relato de una trayectoria individual, para comunicar de forma inmediata un significado aparente, una trama y una coherencia, que refuerza elementos muy potentes, de nuestro sentido común, respecto a qué es, o que debe ser, una vida.
Quizá por ello, al menos a los historiadores, nos conviene discutir el término “biografía” (que es tan impreciso como restrictivo, al aludir a la existencia de un género, con reglas específicas) y, explorar lo que Sabina Loriga (Profesora de Historia en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, en Paris) ha denominado “historia biográfica”. Una forma de tratar lo individual, cuyo objetivo es plantear problemas históricos fundamentales y, abordarlos de una manera, siquiera sea parcialmente distinta, que produzca preguntas que no se habían hecho antes, o que se habían banalizado o vulgarizado. No hay biografía que interese, sin uno o varios problemas históricos interesantes, que la orienten y la sostengan. Al mismo tiempo – y ahí está el gran reto – sin someter la singularidad de una vida individual, a un relato que la transcienda y la anule.
Lo crucial, a juicio de Burdiel, es la necesidad imperiosa, de acostumbrarnos a lidiar, con lo que constituye la tensión constante, constitutiva de la biografía y de la historia. Un individuo no puede explicar completamente un grupo, una comunidad o una institución y, viceversa, un grupo, una comunidad o una institución, no puede explicar completamente a un individuo. Hay una interdependencia, sí, pero esta no es ni lineal ni univalente, ni fijada de una vez y para siempre. Por supuesto que atender a esto, es más fácil de decir teóricamente, que de lograrlo en la práctica. Sin embargo, el esfuerzo puede tener saludables efectos para recordarnos, sin jerga innecesaria, el carácter interrogativo y abierto, que el estudio de una trayectoria individual, confiere a la historia.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.