Siempre se van los mejores
- Escrito por Laura Ramos
- Publicado en Tribuna Libre
¿Quién no ha escuchado esta frase alguna vez y ha esbozado una sonrisa muda, de esas que ríen para dentro y miran hacia las nubes?
Reflexionar acerca de la vida es algo que hacemos poco. Miras las cifras en investigación médica y parecen elevadas, pero ¿son suficientes? A pesar de ellas, se siguen yendo los mejores.
Se van pronto y sin ganas. Se agarran a la vida como la enfermedad a sus cuerpos.
Cáncer, una palabra horrible que nadie quiere recibir. Al otro lado de la mesa un profesional medico al que entrenaron para pronunciarla. Algunos con más acierto que otros sea dicho.
Nunca se está preparado para realizar un balance. Es difícil hacer un compendio de la vida y aun con todo, siempre pesa lo bueno.
Es curioso como en este calvario las cosas adquieren otra perspectiva y entonces, sólo importa lo sencillo, lo real, en definitiva, la vida.
¿Somos egoístas el resto entonces perdidos en lo que no importa? Estamos imbuidos en la ansiedad, el estrés y otros sucedáneos de la sociedad del malestar.
Escucha uno las palabras de uno de los cientos de personas que cada día luchan por continuar y llevan un aprendizaje de mil vidas. De pasillos y horas vacías de hospital, de soledad, de fuerzas agotadas entre dosis de medicamentos. Y reflexiono en lo difícil de saber que uno se va, en el coraje y en la entereza de esas personas que viven a diario descontando minutos ¿Cómo lo hacen?
Nadie los entrenó y a pesar de eso desarrollaron la capacidad de aguantar un dolor sin límites, a cambio de una esperanza muy pequeña demasiadas veces.
Pienso en lo complejo de acumular días con la incertidumbre de un fin cercano. Pues con todo eso ni siquiera me acerco a su fortaleza mental para tan insigne rutina.
Y comienza el duelo. Sin querer se acabó el tiempo.
Liberación por el descanso de los eternos tratamientos, de las alarmas de móvil para pruebas y de la mesilla llena de calmantes y esperanzas.
Pero llega la ausencia …comienza el duelo. El devenir de sus etapas cargadas de dolor y de silencio, de rabia y enfado.
Son silenciosos lugares los cementerios. El presente sin duda es el mejor de los regalos que tenemos y que normalmente no lo sabemos.
Curioso el ser humano como asume el tiempo cuando este ha trascurrido, cuando se ha escapado. Cuando a pesar de haberlo encadenado a nuestros sueños y nuestras manos se ha escapado. Y es así si señores se van los mejores.
Dedicado a todas aquellas personas que luchan de forma titánica por defender inexpugnablemente su mayor tesoro, un presente infinito.
Y a una rosa que vive en el jardín de mi corazón.